El Ayuntamiento de Burriana ha logrado un avance significativo en la reactivación del Museu de la Taronja, que ha permanecido cerrado desde 2012 debido a complicaciones administrativas. Este nuevo acuerdo formal con la Generalitat permitirá reconstruir la fundación del museo, lo que representa una oportunidad crucial para recuperar un espacio importante para el patrimonio citrícola de la Comunidad Valenciana.
La formalización del acuerdo tuvo lugar en Valencia ante notario y se realizó en el marco de una reunión del Patronato, donde se reorganizó la estructura de la fundación y se activaron los mecanismos necesarios para su recuperación. Se llevaron a cabo modificaciones en los estatutos para asegurar que la presidencia del Patronato recaiga en la Alcaldía, incorporando también a representantes municipales de las áreas de Cultura, Turismo y Hacienda. Este cambio es vital, dado que anteriormente la falta de mayoría municipal había obstaculizado los trámites necesarios.
El alcalde de Burriana, Jorge Monferrer, destacó que este acuerdo representa «un avance histórico y un ejemplo más de que hemos venido a resolver problemas heredados». Subrayó que, después de catorce años desde el cierre del museo, el consistorio está preparado para llevar a cabo todos los trámites necesarios para garantizar la viabilidad de un espacio que «nunca debió cerrarse».
El concejal de Cultura, Alejandro Clausell, también se mostró optimista, afirmando que «se abre una ventana de oportunidades para avanzar con firmeza en la reapertura del edificio». Tras haber superado el principal obstáculo administrativo, el Ayuntamiento se encuentra ahora en una fase decisiva para el futuro del museo.
Según Clausell, la primera acción será la liquidación de la fundación y, posteriormente, el pago de una deuda que asciende a aproximadamente 160.000 euros, cantidad ya contemplada en los presupuestos municipales desde 2022. Se prevé que este proceso se complete en el transcurso del presente año.
Una vez que se resuelva la situación financiera, el Ayuntamiento deberá evaluar el estado de la colección y los materiales expositivos, que han sufrido por la falta de mantenimiento y el paso del tiempo. De manera paralela, se deberá decidir la ubicación definitiva del museo. La actual sede, ubicada en la calle Mayor, es propiedad de Caixa Castellón, lo que requeriría negociar un alquiler y realizar una inversión superior a un millón de euros para adecuar el espacio a la normativa vigente. Como alternativa, el Ayuntamiento considera la posibilidad de trasladar el museo al edificio de la Terrassa Payà.
La elección del nuevo emplazamiento será clave y marcará el siguiente paso: la redacción de un proyecto museístico renovado que valore el patrimonio citrícola y potencie su atractivo turístico. «Ahora se trata de seguir avanzando con seguridad para no cometer los mismos errores y abrir este emblemático lugar», concluyó Clausell.













