Cuando se trata del desarrollo del lenguaje en los niños, es común que los adultos se sientan preocupados por las maneras en que los pequeños se expresan. Frases como «no vocaliza» o «habla raro» suelen surgir, generando inquietud entre padres y educadores. Sin embargo, es fundamental comprender que lo que a menudo se interpreta como un problema forma parte del proceso natural de aprendizaje del lenguaje.
El hecho de que un niño utilice expresiones como «tete agua» o «perro grande ahí» no significa que su habla sea inferior. De hecho, lo relevante en esta etapa es la capacidad de comunicación, que se desarrolla inicialmente a través de la interacción y el uso, antes de que se incorporen las reglas gramaticales.
La interacción como clave del aprendizaje
Las interacciones entre adultos y bebés, incluso desde los seis meses, demuestran cómo los pequeños pueden expresar sus necesidades a través de gestos y sonidos. Por ejemplo, en el contexto de un aula infantil, se puede observar a dos hermanos, Nerea y César, donde su comunicación resulta efectiva a pesar de la simplicidad de sus frases. Este tipo de interacciones refuerza la idea de que la comunicación fluye sin necesidad de que el lenguaje se ajuste a las formas adultas.
Comprensión y validación del mensaje
Desde su nacimiento, los niños son activos en la comunicación, aprendiendo a interpretar y utilizar miradas, gestos y tonos. Al crecer, comienzan a identificar patrones en el lenguaje que escuchan, ajustando sus propias formas de hablar en consecuencia. Este proceso, que involucra tanto aspectos lingüísticos como cognitivos, permite que, aunque los niños no siempre utilicen la gramática correcta, sepan exactamente lo que quieren expresar.
En lugar de corregir constantemente, es más beneficioso que los adultos respondan a las intenciones comunicativas de los niños. Por ejemplo, si un niño se refiere a su manta como «maca», el adulto podría decir: «Sí, tu manta, la «maca», está en la cama». Esta técnica no solo valida la comunicación del niño, sino que también le ofrece un modelo de lenguaje más completo y accesible.
En resumen, el enfoque debe estar en escuchar y comprender lo que los niños intentan comunicar, en lugar de centrarse en cómo lo dicen. Reconocer que hablar de forma diferente no significa hablar peor es esencial para acompañar su desarrollo lingüístico de manera positiva y efectiva.
Clara Macarena Ponce Romero, del grupo Koine de la Universidad de Santiago de Compostela, participa en un proyecto que estudia la riqueza de la comunicación infantil, enfatizando la importancia de comprender el proceso de aprendizaje del lenguaje en los niños.














