La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha reforzado la supervisión de las gestoras de fondos de capital riesgo en España en un contexto de creciente inestabilidad en los mercados privados, especialmente en el segmento de deuda privada en Estados Unidos. Grandes firmas internacionales como BlackRock, Apollo y Ares han tenido que limitar los reembolsos en algunos de sus fondos, lo que ha generado preocupación sobre un posible problema de iliquidez.
En las últimas semanas, el regulador bursátil español detectó que varias gestoras no estaban cumpliendo con los requisitos de recursos propios establecidos por la normativa vigente. Según la regulación europea aplicable, estas entidades deben contar con un capital mínimo y, cuando gestionan fondos cuyo patrimonio supera los 250 millones de euros, deben incrementar sus recursos propios hasta alcanzar el 0,02% del capital bajo gestión o un porcentaje de sus gastos corrientes, sin superar los 10 millones de euros. La mayoría de las gestoras aplica el criterio basado en el 25% de los gastos generales del ejercicio anterior —incluyendo nóminas, oficinas y material— lo que en algunos casos ha obligado a realizar aportaciones adicionales para cumplir con la normativa.
La CNMV ha enviado comunicaciones a las gestoras para que ajusten sus cifras o aclaren ciertos aspectos, aunque fuentes oficiales aclaran que se trata de un procedimiento rutinario y no responde a ninguna medida extraordinaria. Entre las principales firmas españolas destacan AltamarCAM, recientemente adquirida por el grupo estadounidense Marsh, con 20.000 millones en activos bajo gestión; Alantra, con más de 16.000 millones; y Arcano Partners, que suma 14.000 millones entre activos gestionados y asesorados. Otras gestoras relevantes son Portobello Capital, Inveready, ProA Capital, MCH Private Equity y Miura Partners.
Contexto de tensión en el mercado global de capital riesgo
La vigilancia de la CNMV coincide con un momento complicado para el capital riesgo a nivel mundial, especialmente en el ámbito de la deuda privada. La reducción del crédito por parte de la banca tradicional ha impulsado el auge de este mercado, que ya supera los 2,5 billones de dólares en activos gestionados, según el Banco de Pagos Internacionales. Muchos de estos fondos están configurados como vehículos semilíquidos, permitiendo la entrada y salida de inversores bajo ciertas condiciones. Sin embargo, los préstamos privados que componen sus carteras son activos poco líquidos y no pueden venderse rápidamente sin sufrir pérdidas significativas.
El sistema funciona mientras las nuevas entradas de capital superan a los reembolsos, pero cuando la situación se invierte, las gestoras deben restringir las salidas de dinero, aplicando limitaciones similares a un «corralito». Este es el caso de algunas firmas internacionales como BlackRock, Apollo y Ares, que han impuesto un tope del 5% trimestral sobre los reembolsos en determinados fondos de deuda privada.
En España no existen actualmente fondos de capital privado abiertos que afronten una crisis similar, aunque la experiencia pasada recuerda a la situación que vivieron los fondos inmobiliarios Banif Inmobiliario y BBVA Propiedad tras la burbuja inmobiliaria, cuyos activos no podían venderse al valor de mercado mientras los partícipes reclamaban su dinero.
Dificultades específicas en el private equity
Además, el sector del private equity, que invierte directamente en empresas, enfrenta su propia crisis. A diferencia de los fondos semilíquidos, estos vehículos son cerrados y los inversores no recuperan su dinero hasta que se venden las participaciones en las compañías. Muchos fondos que captaron capital en la era de tipos bajos antes de 2022 están encontrando dificultades para desinvertir a las valoraciones previstas, lo que está prolongando la vida de estos fondos más allá del plazo habitual de siete años.
Esta combinación de factores sitúa al capital riesgo en una encrucijada, con la CNMV reforzando su control para evitar riesgos regulatorios y proteger a los inversores en un momento de alta volatilidad y ajustes en el mercado global.














