Gyula Balásy, empresario y economista húngaro, ha hecho público este lunes un sorprendente ofrecimiento: entregar la totalidad de su imperio empresarial y mediático al Estado húngaro a cambio de que se desbloqueen las cuentas bancarias de sus empresas, que permanecen congeladas desde hace días. Con 47 años, Balásy ha construido durante más de dos décadas un conglomerado que incluye medios de comunicación, organización de eventos y servicios tecnológicos, valorado en 220 millones de euros según las valoraciones más prudentes.
El magnate, muy cercano al gobierno de Viktor Orbán, explicó que su decisión responde a la incapacidad para afrontar los salarios de casi 500 empleados debido a la congelación de las cuentas, que afecta a sumas millonarias. Balásy aseguró que su intención no es ocultar irregularidades ni cometer ilegalidades, sino preservar el futuro laboral de su plantilla y la continuidad de sus proyectos.
El grupo empresarial, conocido como Lounge Group, ha sido uno de los principales beneficiarios de contratos estatales en los últimos años, acumulando casi 1.000 millones de euros en adjudicaciones, principalmente de la Oficina del Gabinete del Primer Ministro y la Oficina Nacional de Comunicaciones. Según el último informe, la facturación de 2024 ascendió a cerca de 259 millones de euros, con beneficios superiores a los 26 millones.
Este movimiento llega semanas después de que el nuevo primer ministro electo, Péter Magyar, líder del partido Tisza, prometiera una revisión exhaustiva de los contratos públicos para combatir la corrupción y recuperar activos estatales presuntamente malversados. Magyar comentó en redes sociales que el sistema creado alrededor de Orbán podría derrumbarse antes de lo esperado. Su vicepresidente, Mark Radnai, recordó que Balásy fue un actor clave en el monopolio de la comunicación estatal durante el mandato de Fidesz, financiado con dinero público.
Balásy comenzó su carrera en 2004 y se fue posicionando progresivamente en el entorno mediático y empresarial vinculado a Orbán, siendo protagonista en la organización de campañas polémicas, como la electoral contra Ucrania y mensajes antiinmigración. A pesar de las acusaciones de sobrecostes y presuntas irregularidades en la gestión de contratos, que son objeto de investigación por la Agencia Nacional de Investigación, el empresario insiste en que todas sus operaciones son legales y transparentes.
La congelación de sus cuentas pone en riesgo la ejecución de proyectos relevantes como MotoGP o la Liga de Campeones, además de afectar la estabilidad de cientos de empleos. Balásy también ha sido objeto de atención mediática por su estilo de vida y propiedades, tanto en Hungría como en el extranjero, incluyendo inmuebles de lujo en Florida. Reconoce tener una posición económica acomodada gracias a inversiones y reinversiones constantes.
Ante el cambio político tras la derrota de Orbán después de 16 años en el poder, esta acción de Balásy representa un giro significativo en el círculo empresarial que apoyaba al gobierno saliente. Aunque no sabe si habría actuado igual de no haberse producido el cambio de gobierno, el empresario afirma su compromiso con Hungría y su voluntad de seguir contribuyendo, aunque ahora enfocándose más en la agricultura, una actividad que planea desarrollar en el futuro.














