El precio del petróleo ha vuelto a ser un tema central en la economía global. Actualmente, el barril se encuentra cerca de los 100 dólares (85,87 euros) debido a la escalada del conflicto en Oriente Medio, lo que ha llevado al G7 a considerar medidas para estabilizar los mercados energéticos. La reciente subida del West Texas Intermediate (WTI) alcanzó un 35% en solo siete días, el mayor incremento desde que se introdujeron los contratos de futuros en 1983. Por su parte, el Brent, referencia en Europa, se aproxima a los niveles vistos tras la invasión de Ucrania. La inquietud ante una posible interrupción prolongada del suministro ha generado nerviosismo entre los inversores. Gerard Reid, cofundador de Alexa Capital, describía la situación en los mercados de esta manera: «Los inversores entraron en modo pánico y comenzaron a decirse que si la guerra se alarga, el barril podría llegar a 250 dólares».
Ante esta situación, los ministros de Economía del G7 llevaron a cabo una reunión de urgencia para evaluar posibles respuestas. Los países miembros acordaron «tomar todas las medidas necesarias para estabilizar los mercados», aunque decidieron dejar en suspenso el uso inmediato de las reservas estratégicas de petróleo. «No estamos ahí todavía», comentó Roland Lescure, el ministro de Economía de Francia, tras la videoconferencia con Estados Unidos, Japón, Canadá, Reino Unido, Alemania e Italia. Sin embargo, la opción de liberar entre 300 y 400 millones de barriles aún está sobre la mesa, lo que podría aliviar temporalmente la presión en el mercado si la crisis energética persiste.
La tensión se centra en el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más críticas del mundo. Países como Arabia Saudí, Kuwait, Irak y Emiratos Árabes Unidos, que representan cerca del 20% del petróleo global, han ralentizado sus exportaciones debido a los riesgos asociados al transporte marítimo. En respuesta, Estados Unidos ha anunciado medidas para garantizar la seguridad de la navegación en la zona. Chris Wright, el secretario de Energía estadounidense, confirmó la creación de un mecanismo de reaseguro de hasta 20.000 millones de dólares para cubrir dichos riesgos. A pesar de la situación, el presidente estadounidense ha tratado de minimizar el impacto económico. Donald Trump escribió en su red Truth Social que el aumento del petróleo es «un precio muy pequeño que hay que pagar por la paz y la seguridad».
El impacto económico de este aumento podría extenderse más allá del mercado energético. Kristalina Georgieva, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), advirtió que un incremento del 10% en los precios de la energía durante un año podría elevar la inflación global en 40 puntos básicos. En el caso de Europa, el efecto podría ser aún mayor si el conflicto se prolonga. Janek Steitz, director del instituto alemán Dezernat Zukunft, estima que la inflación en la eurozona podría incrementarse hasta un 3% adicional y tardar casi un año en volver a los niveles actuales. Los economistas han señalado que las subidas en los precios de la energía afectan de manera desigual a los hogares, ya que el encarecimiento de la energía tiende a golpear con más fuerza a aquellos con menores ingresos.
A pesar de los recientes incrementos, el mercado aún no ha alcanzado los picos históricos de años anteriores. Ajustando a dólares actuales, el petróleo llegó a equivaler a 150 dólares (128,86 euros) en la década de los ochenta y superó los 200 dólares (171,82 euros) durante la primavera árabe. La evolución de este escenario dependerá en gran medida de la duración del conflicto. Los mercados de predicción ya estiman un 50% de probabilidad de que la guerra se prolongue hasta mayo, lo que mantiene la presión sobre los precios energéticos. Mientras tanto, los analistas advierten que la combinación de tensión geopolítica, interrupciones logísticas y alta dependencia del petróleo podría desencadenar un nuevo shock energético global si el suministro no se normaliza en las próximas semanas.














