Argentina se encuentra nuevamente al borde de la recesión, a pesar del optimismo expresado por el presidente Javier Milei. Desde diciembre de 2023, Milei ha implementado una política de ajuste que se resume en la frase «no hay plata». Este lema se popularizó tanto que se estampó en camisetas y fue utilizado por el Grupo Marengo al lanzar una línea de caramelos en homenaje al mandatario anarcocapitalista.
No obstante, muchos argentinos han experimentado un sabor amargo, ya que la industria de golosinas ha sufrido un colapso. El Grupo Marengo, después de 80 años de actividad, se vio obligado a cerrar su fábrica debido a conflictos laborales por salarios atrasados. El portal La Política Online describió la situación como una «profecía ominosa», y la economía del país se dirige hacia su segundo cuadro recesivo bajo la administración de Milei.
A pesar de ello, el presidente sigue convencido de que Argentina está en una senda de crecimiento. En una publicación en X, Milei destacó que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) reportó un crecimiento de más de cuatro puntos en 2025, sugiriendo que los «profetas del caos» deberían estar furiosos con esta estadística. Aseguró que, si la oposición no hubiera intentado «destruir todo», este crecimiento podría haber llegado al 7%.
Sin embargo, varios economistas han desmentido la euforia del presidente, señalando que los datos del Indec son engañosos. El aumento en la economía se debe principalmente a un 32% de mejora en la agricultura y ganadería, aunque el empleo en estos sectores solo creció un 1,4%. En contraste, la cantidad de empleos formales disminuyó un 3,3%, mientras que la industria y el comercio experimentaron caídas del 3,9% y 1,3%, respectivamente. Estas cifras explican la pérdida de casi 300.000 empleos en el país.
Las proyecciones para enero no son prometedoras, lo que llevó a la Universidad Torcuato Di Tella a afirmar que hay un 99% de probabilidad de que el país vuelva a caer en la recesión. La situación ha comenzado a ser descrita como «industricidio», un término que evoca la apertura de mercados promovida por el ministro de Economía durante la última dictadura, donde se consideraba que cualquier producción, desde caramelos hasta acero, era válida. Actualmente, la realidad es muy distinta.
Un claro ejemplo del impacto de esta crisis es la fábrica de turrones Georgalos, que ha tenido que suspender a sus más de 600 empleados de manera rotativa y reducir sus salarios en un 20% para poder sobrevivir ante la competencia de golosinas importadas. Por otro lado, la planta de cerveza Corona planea despedir a la mitad de su plantilla debido a la caída en el consumo, a pesar de haber inaugurado su instalación en 2024.
Las tomas de fábricas se han intensificado en la región de Tierra de Fuego, donde se encuentran productores de electrodomésticos que ya no reciben subsidios estatales y no pueden competir con las importaciones. La tradicional fábrica de tractores Pauny también ha caído en crisis. La recesión y el colapso económico parecen ser dos caras de la misma moneda, ya que las empresas luchan por acceder a créditos debido a los altos intereses.
La actividad financiera, que ofrece mayores rendimientos, ha superado a la producción. Cambiar dólares por pesos y depositar a tasas de interés del 45% anual se ha vuelto una práctica común. Según Jorge Brito, presidente del Banco Macro, hay un «estrangulamiento en la actividad privada», lo que plantea la necesidad de debatir sobre el proceso desinflacionario y sus riesgos para la actividad económica.
En Santa Fe, una de las provincias más desarrolladas del país, se han cerrado 2.341 empresas. La Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas ha señalado que los incentivos para la importación han contribuido a esta crisis. El gobierno ha implementado 138 medidas para liberalizar el comercio y aumentar la competencia, lo que ha generado que algunas grandes empresas industriales se quejen.
El cierre de la fábrica de neumáticos Fate, que empleaba a más de 900 personas, ha sido visto como un punto de inflexión. Milei ha descalificado a quienes critican esta apertura, afirmando que han evidenciado el «sistema corrupto» que ha perjudicado a los argentinos. Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, ha admitido que aunque los precios están estables, el consumo ha disminuido, pero tiene esperanzas de que esta situación cambiará en el futuro.
A pesar de ello, la lucha del gobierno por controlar la inflación se ha complicado, con cifras que se han estabilizado en un 3% mensual. En la Ciudad de Buenos Aires, la medición local duplica esta cifra, lo que podría resultar en niveles de pobreza mucho más altos de lo que sugiere el Indec. Muchos hogares se enfrentan a dificultades económicas, y en los últimos ocho años, un empleado del sector privado ha perdido 16 salarios, mientras que uno del sector público ha perdido 21, según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal.
La reforma laboral es vista por el gobierno como una herramienta para reactivar el empleo, aunque los sindicatos advierten que podría generar más desigualdad. El expresidente Mauricio Macri también tiene su visión optimista, argumentando que «hoy un pobre vive igual o mejor que un rey de hace 100 años».














