En febrero de 2026 se publicó un libro que propone una revisión fundamental en el diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Bajo el título «Revised Perceptual-Cognitive-Behavioural Precision Scale (PS-PC-ASD-R) for the Diagnosis of Autism Spectrum Disorder», esta segunda edición presenta una escala de precisión perceptual-cognitiva-conductual evaluada en 346 personas con TEA, con un alto grado de fiabilidad estadística.
El trabajo, editado por BP International en Reino Unido e India, se centra en ampliar el marco diagnóstico tradicional, que hasta ahora se basa en dos dimensiones principales: la social y la conductual, según la definición de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 2013). Sin embargo, el autor, el catedrático Manuel Ojea, destaca que el proceso neuropsicológico de las personas con autismo requiere integrar también una dimensión cognitivo-perceptiva que permita comprender mejor cómo se procesa y recuerda la información.
Este enfoque sistémico explica que la percepción sensorial y la memoria de trabajo interactúan con la memoria contextual y semántica para crear una memoria episódica que permite responder adecuadamente a estímulos sociales y ambientales. El sistema neurotransmisor GABA, especialmente su subunidad A, juega un papel clave en esta dinámica, y su alteración en personas con TEA limita la conexión entre percepción y formación de memoria social, dificultando así el desarrollo de una memoria contextualizada y funcional.
La escala propuesta incorpora variables específicas de la dimensión cognitivo-perceptiva como percepción sensorial, atención conjunta, comprensión, reconstrucción de significantes, jerarquización y codificación conceptual, además de la interacción entre nodos relacionales y el proceso de recuperación de la memoria. Este abordaje permite mejorar la precisión diagnóstica al complementar las dimensiones social y conductual tradicionales.
Los resultados estadísticos del estudio, basados en análisis de varianza y regresión lineal, señalan que las variables «Interacción Social» y «Restricción» (dimensiones social y conductual) junto con «Interconceptos» y «Conceptos» (dimensión cognitivo-perceptiva) explican la mayor parte de la varianza en el diagnóstico del TEA. Esto confirma empíricamente la necesidad de incluir la dimensión cognitivo-perceptiva como un componente esencial y ponderado en el diagnóstico.
Asimismo, diversos estudios respaldan que la falta de conectividad neural aumenta las demandas cognitivas, lo que se refleja en mayores conductas restrictivas y estereotipias, vinculadas a disfunciones cerebrales en circuitos prefrontales y ganglios basales. Estas alteraciones impactan también en la dimensión social y cognitiva, evidenciando la complejidad interrelacionada del trastorno.
En el ámbito práctico, el libro resalta la importancia de intervenciones basadas en la evaluación de habilidades lingüísticas y funcionales, promoviendo el desarrollo de la independencia personal y capacidades académicas y motoras, siempre respetando el contexto ordinario de cada niño o niña con TEA.
En definitiva, el estudio de Ojea plantea la urgencia de revisar y ampliar la definición oficial del autismo para incorporar aspectos perceptivo-cognitivos y neurológicos, lo que contribuiría a reducir errores diagnósticos y a optimizar las estrategias educativas y terapéuticas destinadas a esta población.














