En una reciente conversación, Josep Maria Fericgla, un reconocido antropólogo de 71 años, compartió su perspectiva sobre la muerte, un tema que ha explorado a lo largo de su carrera. Según Fericgla, la muerte no debe ser considerada como un final absoluto, sino más bien como una transformación radical en la percepción de la existencia.
El antropólogo argumenta que la muerte corporal representa un cambio profundo en nuestra forma de entender la vida y no necesariamente implica el cese de la existencia. En su visión, este fenómeno es un tránsito hacia una dimensión de experiencia más sutil y elevada. Este enfoque se fundamenta en tradiciones antiguas que conciben la vida como un proceso energético que abarca desde los minerales hasta los seres humanos, cada nivel desarrollando una mayor conciencia.
Fericgla destaca que la condición humana es única, ya que no solo percibimos, sino que también reflexionamos sobre nuestra propia percepción. Lo que él denomina «conciencia de la conciencia» se convierte en el núcleo de su teoría sobre la muerte, sugiriendo que la experiencia de la muerte varía entre las personas. Aquellos que han cultivado esta conciencia tienden a mantener una continuidad tras el fallecimiento, mientras que aquellos que han vivido de manera más instintiva podrían disolverse en una energía colectiva sin una identidad definida.
Preparación para la muerte
Lejos de ser una visión pesimista, Fericgla sostiene que la muerte se prepara a lo largo de la vida. No es un suceso aislado, sino el resultado de un proceso continuo. Compara el desarrollo de la conciencia con el entrenamiento físico: todos poseen el potencial, pero pocos lo trabajan conscientemente. La atención, según él, juega un papel fundamental; donde se dirige la atención, se concentra la energía vital.
Aprender a observar los propios pensamientos y emociones es clave para construir una conciencia autónoma que no dependa del cuerpo en el momento de la muerte. Esta noción se refleja en diversas tradiciones culturales, desde el budismo hasta corrientes sufíes, donde se promueve la idea de la auto-observación.
Fericgla también menciona experiencias relacionadas con el espiritismo en América Latina, reconociendo que, aunque no se adhiere completamente a estas prácticas, ha vivido situaciones que refuerzan su hipótesis sobre la continuidad de la conciencia después de la muerte. Para él, no se trata de fe, sino de indicios que sugieren la necesidad de investigar más.
Un enfoque distinto sobre la muerte
Con su perspectiva, la muerte deja de ser una amenaza y se convierte en una consecuencia lógica del desarrollo personal. La calidad de esta transición, según Fericgla, está marcada por cómo se vive antes de llegar a ese momento. Su enfoque no busca cerrar el debate sobre la muerte, sino abrir nuevas vías de reflexión que integren la antropología, la filosofía y la experiencia personal.
En un contexto donde el miedo a la muerte persiste, su visión ofrece una perspectiva renovadora. Aunque no elimina la incertidumbre inherente, la sitúa en un marco más manejable. Como sugiere Fericgla, comprender la muerte podría ser también una forma de entender mejor la vida misma.














