El sapo marino, una amenaza invasora para la biodiversidad de España

El sapo marino pone en peligro el ecosistema español al reproducirse masivamente.

El sapo marino (Rhinella marina), una especie invasora originaria de América, ha sido recientemente identificada en España, lo que representa una seria amenaza para la biodiversidad del país. Este anfibio, conocido por su capacidad reproductora asombrosa, puede llegar a poner más de 35.000 huevos en un solo evento de desove.

La toxicidad de su piel es otro aspecto preocupante. Las glándulas parotoides que se encuentran a los lados de su cabeza producen bufotoxinas que pueden resultar letales para depredadores, así como para mascotas y personas que entren en contacto con el sapo. Además de su veneno, el sapo marino tiene un impacto devastador en la cadena alimentaria, ya que su dieta es omnívora e indiscriminada, alimentándose de insectos, reptiles, aves pequeñas y otros anfibios.

Una amenaza biológica aún más alarmante es la quitridiomicosis, una enfermedad causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, que ya ha llevado a la extinción de 90 especies de anfibios a nivel global. Esta patología fue detectada por primera vez en Europa en España, en el sapo partero común del macizo de Peñalara, a finales de los años 90. Desde entonces, diversas comunidades autónomas han implementado programas de cría en cautividad para salvar a las poblaciones afectadas.

La introducción del sapo marino en el ecosistema español podría reactivar esa crisis de manera descontrolada. Los renacuajos de esta especie pueden prosperar en charcas salobres y zonas urbanas encharcadas, facilitando su dispersión por hábitats diversos en la península. Con la combinación de una pareja reproductora, un ambiente acuático adecuado y temperaturas favorables, su colonización se convierte en un hecho probable.

Ante esta situación, los especialistas subrayan que la única estrategia eficaz es la prevención. Se recomienda la identificación temprana de ejemplares aislados, la eliminación inmediata de puestas, el drenaje de estanques y la instalación de mallas metálicas de al menos 50 centímetros de altura como parte de los protocolos oficiales para el control de especies invasoras. España todavía tiene la oportunidad de actuar antes de que la situación se vuelva incontrolable, a diferencia de otros países como Australia, que ya han sufrido las consecuencias de convivir con el Rhinella marina.

Redacción

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