El Gobierno Vasco ha frenado la construcción de un nuevo parque eólico en Álava al considerar que el proyecto no es ambientalmente viable. La decisión afecta a los municipios de Elburgo, Barrundia, Alegría, Iruraiz-Gauna y San Millán, donde se planteaba la instalación dentro del expediente conocido como “Vitoria 30kV”.
La iniciativa, impulsada por Savanna Power Solar (solicitada en diciembre de 2023), contemplaba seis aerogeneradores con una potencia total de 30 MW. Sin embargo, la declaración de impacto ambiental aprobada el 16 de enero concluyó que el entorno presenta alta sensibilidad ambiental, especialmente por el riesgo sobre determinadas poblaciones de aves y la afección a un corredor ecológico clave.
Según la resolución, el parque implicaría alteración de hábitats y un impacto paisajístico elevado. Y lo relevante aquí no es el titular, sino el matiz técnico: incluso aplicando medidas preventivas y correctoras, el resultado seguiría siendo incompatible con la conservación del área. Tras ese dictamen, la empresa solicitó el desistimiento pocos días después.
En paralelo, el Boletín Oficial del País Vasco también recogió la renuncia de otra empresa, Butroe, a un proyecto de almacenamiento de energía de 2 MW en Oyón, tras un informe urbanístico desfavorable del ayuntamiento. Dos casos distintos, misma lectura: la transición energética no avanza solo con megavatios, también con encaje territorial y ambiental.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa el equilibrio entre renovables y biodiversidad. El País Vasco prioriza la descarbonización, pero marca una línea clara: la planificación debe ser sostenible y evitar la implantación en zonas donde el coste ecológico sea excesivo. En otras palabras, renovables sí… pero no “a martillazos”.
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