Los Dólmenes de Antequera, joya mundial del megalitismo y la ingeniería prehistórica

El Dolmen de Menga, el mayor del mundo, destaca por su tamaño y la cooperación humana detrás de su construcción

La provincia de Málaga guarda un tesoro arqueológico de primer orden que, sin embargo, pasa desapercibido para muchos de sus propios habitantes. Con motivo del Día Internacional de los Monumentos y Sitios, celebrado cada 18 de abril desde 2001 por iniciativa de la UNESCO, vuelve a cobrar protagonismo el conjunto de los Dólmenes de Antequera, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2016 y reconocido como uno de los vestigios prehistóricos más relevantes del mundo.

Para entender su importancia, resulta clave conocer qué es un dolmen. Según explica Serafín Becerra, doctor en Prehistoria por la Universidad de Cádiz y director del Museo de Teba, estas estructuras son tumbas o sepulturas construidas con grandes bloques de piedra llamados megalitos. Básicamente, se trata de colocar piedras verticales que sostienen otras horizontales, todo ello cubierto por un túmulo de tierra y piedras.

Dentro del conjunto, sobresale el Dolmen de Menga por sus dimensiones colosales. Becerra lo califica como «probablemente el dolmen más grande del mundo». Esta obra de ingeniería prehistórica mide cerca de 28 metros de largo, 6 metros de ancho y sus piedras alcanzan alturas de 3,5 metros. Algunas losas del techo pesan alrededor de 180 toneladas, una cifra que desafía la lógica para una construcción de más de 5.000 años.

El valor excepcional de este enclave es tal que el experto asevera que «el mejor ejemplo mundial de megalitismo está en Antequera». Desde su inclusión en la lista de la UNESCO, el yacimiento no ha dejado de atraer visitantes interesados en conocer esta muestra monumental de las sociedades neolíticas que habitaron la fértil Vega de Antequera hace cinco milenios.

Ingeniería y gestión humana en la construcción del Dolmen de Menga

Una de las grandes preguntas que rodea a estos monumentos es cómo se lograron erigir sin la tecnología actual. Para Serafín Becerra, la respuesta no está en la fuerza física, sino en «el consenso y la gestión de las personas». Cita el estudio de un investigador francés que analizó el transporte de grandes piedras mediante rodillos de madera y concluyó que el verdadero reto no era el esfuerzo físico, sino coordinar los equipos humanos.

Becerra subraya que «con cooperación y buena gestión a nivel humano, todo es posible». Este enfoque fue vital para hacer realidad el Dolmen de Menga, pues era imprescindible organizar la alimentación, mantener un ambiente favorable y coordinar el trabajo colectivo para trasladar piedras gigantes desde canteras cercanas, cuya ubicación aproximada ha sido identificada en investigaciones como las de José Antonio Lozano.

Aunque se desconoce quién dirigió las obras, el experto está convencido de que existió una figura similar a un «arquitecto o arquitecta» con conocimientos avanzados en astronomía y mecánica de cargas. Estos líderes gestionaban comunidades sin jerarquías sociales rígidas, basando su autoridad en la sabiduría, y utilizaban solo herramientas de hueso y piedra, ya que desconocían el metal.

Experiencia arqueológica y recomendaciones para visitantes

El conjunto arqueológico ofrece una experiencia variada y enriquecedora. El Dolmen de Viera destaca por su relación con los equinoccios: la luz del amanecer penetra hasta el fondo de su cámara en esas fechas. En cambio, Menga no se orienta astronómicamente, sino que se alinea con un accidente natural, la Peña de los Enamorados. Además, el Dolmen de El Romeral, un tholos con cámara circular y falsa bóveda creada con hiladas de piedra, completa el conjunto.

Para quienes quieran visitar este enclave imprescindible, es importante saber que el recinto permanece cerrado los lunes, como es habitual en los sitios arqueológicos gestionados por la Junta de Andalucía. No es necesario reservar para visitas individuales; basta con adquirir la entrada en el centro de interpretación. Actualmente, el Dolmen de Menga se encuentra en restauración y solo puede observarse desde el atrio, mientras que el acceso al Dolmen de Viera puede organizarse en grupos pequeños si hay mucha afluencia.

Serafín Becerra recomienda no olvidar El Romeral, que suele ser menos visitado por estar algo más alejado. Destaca la labor «encomiable» de la directora actual, Carmen Mora, y de todo el equipo encargado del centro. Visitar los Dólmenes de Antequera supone una oportunidad única para conectar con un pasado extraordinario y valorar la magnitud de la ingeniería y la cooperación humana que existieron hace más de 5.000 años.

Redacción

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