Recientemente, he descubierto que los therians son jóvenes que disfrutan disfrazándose de animales. Esta subcultura, hasta ahora poco conocida, ha sido expuesta gracias a un reportaje de Paola Mendoza y Ángel Munárriz. Su existencia fue inicialmente denunciada por grupos ultras en Argentina, y ahora se ha convertido en un símbolo del apocalipsis cultural que muchos perciben.
La idea de personas que se identifican como perros ha generado reacciones extremas. Algunos ven esto como el colmo de la degradación de la sociedad, asociándolo con un libertinaje sexual que consideran peligroso. En un episodio reciente, una niña de 15 años que asistió a la Puerta del Sol con la esperanza de encontrar a otros therians, se vio atrapada en un entorno hostil, rodeada de acosadores y burlas. La imagen de esta joven, soportando la crueldad de una multitud indiferente, es una representación desgarradora de la soledad en un mundo cada vez más intolerante.
La agitación y propaganda que rodean a las subculturas minoritarias son claras. Sin embargo, no se puede atribuir toda la culpa a los provocadores. El terreno sobre el que se alimenta esta hostilidad ha sido cultivado durante años. A medida que la democracia se debilita, la aversión hacia lo diferente se intensifica. Una nueva normalidad, caracterizada por insultos y burlas, se está estableciendo. Este fenómeno es una continuación del viejo recato burgués del siglo XIX, que sirvió de base para el antisemitismo del siglo XX, pero ahora se presenta en un formato digital con la misma ferocidad.
Hoy en día, cualquier forma de vida que se aleje de la norma es vista como una amenaza. La intolerancia se manifiesta en la burla hacia aquellos que eligen vivir su libertad de manera distinta. En este contexto, deseo que aquellos que se burlan de los therians tengan hijos que se identifiquen con esta subcultura. Quizás así comprendan que hay formas de expresión más creativas que emborracharse y comportarse de manera violenta, como lo hacen muchos de los que se consideran «normales».
La existencia de los therians, lejos de ser una anomalía, puede ser vista como un reflejo de una sociedad en crisis, donde la falta de empatía y comprensión hacia lo diferente se ha convertido en la norma. Ojalá que la aceptación y la diversidad se impongan sobre la burla y el desprecio.














