En Japón, una ola de manifestaciones protagonizada principalmente por jóvenes ha cobrado fuerza en defensa de la Constitución, con especial énfasis en el artículo 9, que establece el pacifismo oficial del país desde su redacción tras la Segunda Guerra Mundial bajo la supervisión militar estadounidense.
Gohta Hashimoto, un universitario de 22 años, es una de las caras visibles de este movimiento. Aunque su sable láser es solo un juguete, representa la lucha que él y otros activistas libran para frustrar los intentos del Gobierno nipón por reformar la Carta Magna que ha mantenido a Japón al margen de conflictos armados durante más de ocho décadas. Hashimoto reconoce que su interés por la Constitución surgió hace aproximadamente un año con el auge de partidos ultraderechistas, y ha decidido sumarse a un movimiento que busca preservar la paz y proteger la ley fundamental.
El motivo de alarma se intensificó tras la reciente decisión gubernamental de levantar la prohibición sobre la exportación de armas letales, una medida que muchos interpretan como un giro hacia el militarismo y un desafío directo al pacifismo instaurado después de la guerra. En una manifestación en Tokio, la programadora Yuri Hioki señaló que la Constitución permite a Japón mantenerse al margen de las guerras promovidas por Estados Unidos, incluidas las de la región asiática, y expresó su indignación ante la posibilidad de que esto cambie.
El domingo pasado, cerca de 36.000 personas colmaron los accesos a la Dieta Nacional, el Parlamento japonés, para exigir el fin inmediato de la guerra en Irán y preservar el carácter pacifista de la Constitución. Esta movilización es la más reciente de una serie de protestas que han ido en aumento desde febrero, cuando apenas participaron unas pocas miles de personas, hasta alcanzar decenas de miles a finales de marzo. Los actos se han concentrado en Nagatacho, el epicentro político de Tokio, y han unido a veteranos pacifistas, familias y estudiantes que entonan consignas contra la primera ministra Sanae Takaichi y el expresidente estadounidense Donald Trump.
Los manifestantes han coreado mensajes como «No se debería mandar a nadie a la guerra», «gatos, no bombas» o «quitad las manos de la Constitución», y han pedido que Japón deje de alinearse con Estados Unidos. Globos con el número 9, en referencia al artículo que renuncia a la guerra como derecho soberano, han sido un símbolo recurrente en las protestas.
Para Hashimoto, estas manifestaciones han sido un llamado de atención sobre la importancia de la Constitución, un texto que él había dado por sentado hasta ahora. Reconoce que antes veía la política como un asunto alejado de su generación, pero ahora siente que entregar su futuro a otros sin involucrarse sería un error. Por eso ha impulsado una campaña para defender el artículo 9 como el último baluarte contra la guerra.
La reforma constitucional y la respuesta conservadora
La primera ministra Sanae Takaichi y otros sectores conservadores consideran que el artículo 9 es un recuerdo doloroso de la derrota japonesa y una limitación injusta para la defensa nacional, especialmente frente a amenazas como Corea del Norte y China. La crisis en Oriente Medio ha también evidenciado la dependencia energética japonesa y ha complicado la posición del Ejecutivo, que rechazó la petición estadounidense de enviar tropas al estrecho de Ormuz.
Según Koichi Nakano, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Sofía de Tokio, la guerra en Irán ha despertado a una generación joven que ahora entiende el peligro de que Japón se involucre en un conflicto ilegal bajo el mandato de Takaichi. Para él, el apoyo al artículo 9 se ha convertido en un símbolo de resistencia contra la guerra.
Desde la muerte de Shinzo Abe, mentor de Takaichi, la coalición gobernante ha impulsado una reinterpretación amplia del artículo 9 para permitir la autodefensa colectiva y ataques preventivos en casos de amenaza inminente, medidas que han generado controversia y división en la sociedad. Los revisionistas buscan legitimar las Fuerzas de Autodefensa en la Constitución y desean que Japón sea considerado un país «normal», equiparable a potencias como Estados Unidos o Reino Unido.
La contundente victoria del Partido Liberal Democrático en las elecciones recientes ha reforzado la intención de Takaichi de llevar adelante la reforma constitucional por primera vez desde 1947. En un congreso para celebrar el 70º aniversario del partido, afirmó que es momento de que Japón «pase página» en materia de seguridad y que la enmienda es un anhelo largamente esperado para que el pueblo pueda modificar la Constitución.
Un movimiento intergeneracional en defensa de la paz
Las recientes protestas han congregado a personas de varias generaciones, desde los hijos del baby boom hasta estudiantes universitarios inspirados por movilizaciones similares en Corea del Sur. Un análisis de la agencia Kyodo sobre la participación en una manifestación de abril reveló que la mayoría de asistentes tenían entre 30 y 40 años, con una significativa presencia de mujeres jóvenes.
El contenido exacto de las reformas aún no está claro, aunque se especula que podrían incluir el reconocimiento explícito de las Fuerzas Armadas, un cambio menor en apariencia pero que podría abrir la puerta a la derogación del artículo 9 y al fin del pacifismo oficial tras más de 80 años. El proceso legislativo es complejo, pues además de la mayoría en la Cámara Baja, se requeriría el apoyo de la oposición en la Cámara Alta y la aprobación en referéndum, en un país dividido respecto a este tema.
Encuestas recientes sugieren que el respaldo a la reforma ronda el 50%, pero el conflicto en Irán podría inclinar la opinión pública en contra si se percibe que la enmienda aumentaría el riesgo de que Japón se involucre en guerras extranjeras.
Yuri Hioki, con un palo luminoso amarillo en mano, expresa que esta herramienta simbólica le da valor para sumarse a la defensa del artículo 9: «Tener uno de estos te hace darte cuenta de que no estás sola. Te da el valor para unirte a la protesta».












