La corrida de novillos celebrada recientemente evidenció la entrega de tres jóvenes toreros, aunque la falta de calidad de los novillos de Antonio Palla frenó cualquier opción de triunfo. La terna formada por El Mella, Cid de María y Tomás Bastos recibió tres ovaciones, cada uno saludando tras su actuación.
El Mella abrió la tarde enfrentándose a un novillo que destacó por su edad y presencia en el ruedo. El animal, sin emplearse ni en el caballo ni en las telas, se movió sin clase, punteando a media altura y dejando ver mayor entrega por el lado derecho. El torero mostró solvencia y firmeza, aunque sus momentos de brillo fueron aislados y sin continuidad. En el cuarto novillo, El Mella salió con decisión, comenzando la faena de muleta y el recibo de capote de rodillas, con un pase cambiado por la espalda y una serie ligada por el pitón derecho, aún de rodillas. Sin embargo, la faena perdió fuerza tras la tercera tanda y el animal también fue perdiendo el fondo en su embestida. La labor terminó con un apurado trabajo con el descabello, que requirió hasta cuatro intentos.
El segundo novillo ofreció dos arrancadas alegres al caballo montado por el picador Javier Díaz. Posteriormente, el animal mostró un comportamiento ofensivo y bajo de agujas, intentando acometer con rebrincados y punteos. Cid de María se mantuvo firme y decidido, aunque sin posibilidades de lucimiento. El novillo acudió en tres ocasiones al caballo, sangrando solamente tras la tercera vara. Pese al castigo leve, el animal no terminó de emplearse en el último tercio, y la disposición del torero superó ampliamente la condición de su adversario, al que finalmente cortó la coleta tras un segundo intento.
Tomás Bastos evidenció estar en la recta final de su etapa como novillero con picadores, un escalón que ya se le queda corto. Su primera intervención destacada fue un quite por chicuelinas al segundo novillo. Su faena al tercero, sin lograr el triunfo, tuvo mérito al extraer pasajes de profundidad por ambos pitones a un animal desabrido que tanto se desbordaba como rebañaba buscando los pies del torero portugués. La actuación, además, se vio condicionada por un molesto viento que sopló durante toda la tarde. Bastos cerró su labor con una estocada contundente al primer intento, saludando una merecida ovación.
En el último novillo, llamado Aviador, la faena de Bastos fue recordada por el recibo a portagayola y la entrega con la que lidió a un adversario que mostró algo más de entrega por el derecho, pero que cazaba moscas por el lado izquierdo. Para ese momento, el público ya perdía interés y comenzaba a abandonar el coso, a pesar de que el festejo tuvo una duración de dos horas y veinte minutos.
En resumen, la terna de novilleros demostró capacidad y voluntad, pero la falta de clase y fondo en los novillos de Antonio Palla impidió que la tarde alcanzara un nivel de triunfo destacado, dejando un sabor a disposición sin premio.












