La doctora Patricia Altea ha emergido como una figura destacada en la investigación sobre la metástasis del cáncer en Sevilla. Desde su infancia, Altea se sintió atraída por el mundo científico, inspirada por los personajes de «CSI» que resolvían misterios en laboratorios. Aunque su padre la soñaba como criminóloga, su verdadera vocación era ser científica, y a los 36 años ha logrado consolidar una carrera sólida en el ámbito de la oncología.
Altea lidera un equipo en el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER), donde se enfoca en el estudio del cáncer de mama metastásico. Su trayecto profesional la ha llevado a recibir reconocimientos, como el Premio Nacional de Investigación Gabriella Morreale en 2024, aunque ella considera que el verdadero valor de su trabajo radica en formar a la próxima generación de investigadores, especialmente mujeres.
En su camino hacia el éxito, Altea destaca la falta de referentes femeninos en sus años de estudio. Según ella, durante su formación académica apenas encontró mujeres investigadoras, lo que dificultaba la identificación y el apoyo. Fue en su doctorado cuando conoció a su primera tutora, la doctora Rosario Sánchez, quien se convirtió en un modelo a seguir al demostrar que es posible combinar una carrera científica con la vida familiar.
La investigadora reconoce que la carrera científica requiere sacrificios, y en su caso, ha tenido que priorizar su vida profesional sobre la personal. Ha pasado largos periodos en el extranjero para formarse, lo que ha significado posponer su vida personal. Aun así, Altea enfatiza que la conciliación está mejorando, aunque las evaluaciones de currículum aún pueden perjudicar a las mujeres que toman licencias de maternidad.
Un fenómeno interesante que señala es la discrepancia entre la cantidad de mujeres en ciencia y su representación en puestos de liderazgo. Altea explica que, a pesar de que las mujeres constituyen la mayoría en la ciencia, a medida que avanzan en sus carreras, la mayoría de los puestos de responsabilidad son ocupados por hombres. Esta realidad resalta la necesidad de que más mujeres asuman roles visibles en la ciencia.
Altea ha enfrentado desafíos significativos para establecer su grupo de investigación en Sevilla. Después de años en Bélgica, donde adquirió experiencia valiosa, decidió regresar a su tierra natal, consciente de las dificultades que implica el retorno, como la falta de estabilidad y financiamiento. Sin embargo, se considera afortunada por haber encontrado oportunidades para continuar su labor en Sevilla.
Actualmente, su grupo investiga el comportamiento de las células tumorales en casos de metástasis. Altea explica que aunque se han logrado avances, los tratamientos actuales son ineficaces para las células metastásicas, que presentan características distintas a las del tumor primario. Su objetivo es comprender el comportamiento de estas células para desarrollar tratamientos más eficaces.
Altea concluye que la ciencia necesita nuevos talentos con pasión y motivación. A pesar de los retos, es fundamental mantener el entusiasmo y el compromiso, especialmente entre los jóvenes investigadores, para seguir avanzando en la búsqueda de soluciones a los problemas que aún quedan por resolver.














