La proteína de guisante y el avance en la genética de Mendel

La identificación de genes en guisantes mejora la producción de proteínas vegetales.

El mundo de la genética ha dado un paso importante en la comprensión de los guisantes, más de 160 años después de los pioneros experimentos de Gregor Mendel. Este avance puede revolucionar la producción de una fuente valiosa de proteína vegetal.

En la década de 1860, Mendel llevó a cabo experimentos en el huerto de un monasterio, cruzando plantas y anotando sus observaciones. Su objetivo era desentrañar el misterio de cómo se transmiten los rasgos de una generación a otra. A partir de sus estudios con guisantes, identificó siete características, proponiendo que la herencia dependía de factores discretos que se combinaban de manera predecible, lo que dio lugar al concepto de herencia mendeliana.

A pesar de los avances en la ciencia genética, los genes que explicaban tres de los rasgos clásicos del guisante habían permanecido sin identificar hasta ahora. Este humilde alimento ha cobrado una gran relevancia en la nutrición contemporánea, convirtiéndose en un aporte fundamental de proteínas vegetales y fibra en diversas dietas.

La importancia del guisante ha crecido en un contexto donde se busca reducir el impacto medioambiental de la alimentación. Por ello, la investigación actual se centra en mejorar su rendimiento, resistencia a enfermedades y adaptabilidad a climas cambiantes, así como en optimizar sus características alimenticias.

El cierre de este «misterio» no se logró mediante más cruces, sino gracias a los avances en la genómica. En 2019, se publicó un genoma de referencia del guisante, lo que permitió a un grupo de investigadores retomar la búsqueda de los genes responsables de los rasgos que faltaban.

Utilizando una colección de más de 3.500 variantes de guisante, el equipo secuenció casi 700 genomas. Este enfoque, que combina una enorme cantidad de datos con herramientas estadísticas modernas, ha permitido identificar alrededor de 155 millones de variaciones en el ADN, lo que facilita la identificación de patrones relacionados con características específicas.

Finalmente, se determinó que los tres rasgos perdidos de Mendel son: el color de la vaina, relacionado con un gen que afecta la biosíntesis de clorofila; la forma de la vaina, influenciada por dos genes que alteran el engrosamiento de la pared celular; y la disposición de las flores, que se ve afectada por una deleción en otro gen que modifica la ramificación floral.

Este estudio no solo resuelve una curiosidad histórica, sino que también proporciona una base para futuros estudios que podrían resultar en guisantes más productivos y nutritivos. La comprensión del contenido proteico y la resistencia a enfermedades es crucial para mejorar los cultivos y garantizar la estabilidad del suministro alimentario.

Redacción

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