Un reciente estudio científico publicado en la revista Human Reproduction ha corroborado que la alta ingesta de alimentos ultraprocesados (UPF) tiene un impacto negativo tanto en la fertilidad humana como en el desarrollo del feto durante las primeras etapas del embarazo. Esta investigación, llevada a cabo por la Universidad Erasmus de Róterdam en los Países Bajos, ha establecido una conexión directa entre el consumo de estos productos y una menor capacidad reproductiva en los hombres, así como un crecimiento fetal más lento y sacos vitelinos de menor tamaño, elementos esenciales para el desarrollo embrionario inicial.
El estudio examina el efecto que la dieta tiene sobre hombres y mujeres en el periodo previo a la concepción y durante las primeras semanas de gestación. Los hallazgos sugieren que reducir la ingesta de alimentos ultraprocesados antes y durante el embarazo puede favorecer tanto a los futuros padres como al desarrollo del feto. Este trabajo se presenta como el primer análisis que aborda de manera específica la relación entre los ultraprocesados y los resultados reproductivos en humanos, proporcionando evidencia sobre un tema que ha sido poco explorado hasta ahora.
Romy Gaillard, investigadora de la Universidad Erasmus y directora del estudio, advierte: «A pesar de su frecuente presencia en nuestras dietas, sabemos muy poco sobre su posible relación con los resultados de fertilidad y el desarrollo humano temprano». Este estudio forma parte del programa Generation R Study Next, un estudio prospectivo que ha seguido a los padres desde antes de la concepción y a lo largo de la infancia de sus hijos, ofreciendo valiosa información sobre el impacto de la alimentación en la reproducción humana.
Para llevar a cabo esta investigación, el equipo de Gaillard trabajó con un total de 831 mujeres y 651 parejas masculinas que formaban parte del programa Generation R Study Next. Las parejas fueron reclutadas durante la fase de preconcepción o durante el embarazo entre 2017 y 2021, lo que permitió obtener una muestra representativa de la población holandesa en edad reproductiva. Se evaluó la dieta de los progenitores a través de un cuestionario detallado al inicio del embarazo, alrededor de las 12 semanas de gestación, clasificando los alimentos como no procesados o ultraprocesados.
El estudio también analizó el tiempo que tardaron las parejas en conseguir el embarazo, la fecundabilidad (la probabilidad de concebir en un mes) y la subfertilidad, que se define como el tiempo necesario para lograr el embarazo de 12 meses o más, o cuando se requiere el uso de tecnologías de reproducción asistida. Además, los investigadores realizaron mediciones mediante la técnica LCC o longitud coronilla-rabadilla, que evalúa la distancia entre la cabeza y las nalgas del embrión para determinar su tamaño y desarrollo, y midieron el volumen del saco vitelino a las 7, 9 y 11 semanas de gestación.
En cuanto al consumo promedio de ultraprocesados, el estudio reveló que las mujeres consumen un 22% y los hombres un 25% de estos productos en su dieta, cifras que son inferiores a las observadas en países como el Reino Unido o Estados Unidos, donde se estima que la ingesta de UPF alcanza aproximadamente el 50% de la dieta diaria. En el sur de Europa, como en España e Italia, la proporción de alimentos ultraprocesados es aún más baja, situándose entre el 15% y el 20% del consumo total.
Los resultados de la investigación muestran efectos diferenciados según el sexo de los progenitores. En las mujeres, el consumo de UPF no mostró una relación consistente con el riesgo de baja fertilidad ni con el tiempo requerido para lograr el embarazo. No obstante, se observó una correlación con un menor crecimiento embrionario y sacos vitelinos más pequeños hacia la séptima semana de gestación, lo que se asocia con un mayor riesgo de aborto espontáneo y parto prematuro. Un crecimiento embrionario más lento en el primer trimestre se relaciona con diversas complicaciones durante el parto, incluyendo nacimientos prematuros, bajo peso al nacer y un mayor riesgo de problemas cardiovasculares en la infancia.
Por otro lado, en el caso de los hombres, se encontró que un mayor consumo de UPF está relacionado con un riesgo incrementado de baja fertilidad y un tiempo más prolongado para conseguir el embarazo de su pareja. Sin embargo, no se halló una relación significativa con el desarrollo inicial del embrión una vez alcanzada la concepción. Estas conclusiones indican que la calidad de la dieta paterna influye directamente en la capacidad reproductiva masculina.
Los hallazgos de esta investigación sugieren que una dieta baja en ultraprocesados sería beneficiosa para los progenitores, mejorando las posibilidades de embarazo y favoreciendo la salud fetal durante su desarrollo. Los resultados subrayan la importancia de la alimentación preconcepcional para optimizar los resultados reproductivos en ambos sexos. Aunque los autores del estudio señalan que, al ser una investigación observacional, es necesario realizar más estudios para replicar los resultados en diferentes poblaciones y explorar los mecanismos biológicos subyacentes, consideran que estos datos resaltan la necesidad de una reflexión más amplia sobre la fertilidad y el embarazo, especialmente en lo que respecta a la salud masculina, un aspecto que ha recibido menos atención en la medicina reproductiva.














