Un equipo de arqueólogos británicos ha realizado un descubrimiento sorprendente: han encontrado microplásticos en sedimentos que datan de hace 2.000 años, específicamente del periodo del Imperio Romano. Este hallazgo, publicado en la revista Science of the Total Environment, ha generado gran preocupación en la comunidad arqueológica.
Las muestras analizadas provienen de York, en el Reino Unido, donde se tomaron de un antiguo foso romano y de depósitos de la época vikinga. Durante el estudio, se identificaron hasta 66 partículas de microplásticos, pertenecientes a 16 tipos diferentes de polímeros. Este descubrimiento desafía la noción de que ciertos sedimentos antiguos podían considerarse «cápsulas del tiempo» a salvo de la contaminación moderna.
La investigación, liderada por expertos de la Universidad de York y la Universidad de Hull, sugiere que los microplásticos pueden infiltrarse en las capas profundas del suelo a través de la filtración de agua y el movimiento de la tierra. Esto plantea un grave riesgo para los futuros estudios arqueológicos, ya que ahora no hay un «lugar seguro» donde los restos del pasado estén a salvo de la contaminación.
Los arqueólogos están particularmente preocupados por las implicaciones de las sustancias químicas encontradas en estos sedimentos, como el politetrafluoroetileno, polipropileno y polietileno. Estas sustancias pueden alterar la composición del suelo y acelerar la degradación de materiales orgánicos frágiles, como madera y cuero, que han perdurado durante milenios.
Este hallazgo pone en riesgo la preservación de la historia misma, ya que la contaminación moderna está afectando incluso a los artefactos enterrados durante siglos. La práctica estándar de los arqueólogos de dejar los restos bajo tierra para protegerlos se ve cuestionada, dado que la contaminación química puede comprometer su integridad.
La comunidad arqueológica ahora se enfrenta al desafío de encontrar nuevas estrategias para preservar estos yacimientos, asegurando que la conexión con el pasado no se pierda. Este descubrimiento marca un cambio significativo en la forma en que se gestionan y conservan los sitios arqueológicos, destacando la necesidad de un enfoque renovado ante la creciente amenaza de la contaminación por plásticos.














