Un grupo de arqueólogos ha hallado un segmento de un acueducto de aproximadamente 2.000 años de antigüedad en Petra, que incluye una tubería de plomo de 116 metros. Este descubrimiento pone de manifiesto un sistema hidráulico muy desarrollado que abarca canales tallados y tuberías cerámicas, además de una sección metálica presurizada. La utilización de plomo en la conducción de agua permite un control eficaz de las presiones y minimiza las pérdidas de agua, evidenciando una avanzada gestión de este recurso en un entorno árido.
El estudio, publicado en la revista Levant, destaca que Petra no solo se dedicaba a captar agua, sino que también la distribuía de manera eficiente para abastecer a la población y a los monumentos de la ciudad. Aunque a menudo se presenta a Petra como un lugar de fachadas talladas en arenisca y un desfiladero impresionante, su verdadero desafío era asegurar un suministro de agua confiable en un paisaje seco y complicado.
El equipo de investigación, encabezado por Niklas Jungmann, localizó este tramo del acueducto de «Ain Braq mediante una combinación de levantamiento topográfico, análisis del terreno y estudio arquitectónico de una zona donde aún se conservan restos del sistema hidráulico.
La relevancia de la tubería de plomo radica en que no solo se trata de un material, sino de lo que este permite realizar: cerrar el circuito del agua, gestionar mejor las pérdidas y controlar la presión en un relieve que dificulta el uso de canales abiertos. Según los científicos, esta sección del acueducto podría funcionar como un sifón invertido, una solución hidráulica capaz de superar desniveles y obstáculos aprovechando la energía del agua cuando el diseño y la estanqueidad son adecuados.
Si se confirma esta interpretación, el acueducto «Ain Braq podría ser considerado como un sistema híbrido, que integra diferentes fases y tecnologías, combinando canales tallados, tuberías cerámicas y secciones metálicas presurizadas.
Este descubrimiento se alinea con las investigaciones previas que sugieren que la capital nabatea no solo captaba agua, sino que también la gestionaba de manera urbana. En un entorno caracterizado por lluvias irregulares, el desafío era doble: aprovechar las escorrentías eventuales y mantener un suministro constante para habitantes, talleres y espacios monumentales. Este cuidado por el agua, que incluía su almacenamiento, distribución y la prevención de sedimentos y evaporación, convierte a la ingeniería hidráulica en la columna vertebral de la ciudad, más allá de su arquitectura esculpida.
El hecho de que el material utilizado sea plomo añade un matiz contemporáneo al hallazgo. Hoy en día, se sabe que cualquier nivel de exposición a este metal en sangre no es seguro, y que incluso las dosis bajas pueden estar asociadas a efectos adversos, especialmente en niños. Sin embargo, trasladar esta preocupación al contexto de Petra sería inapropiado, ya que en sistemas antiguos, la química del agua (como los carbonatos y las incrustaciones) podría haber reducido la disolución del metal. De hecho, el rol real de las tuberías de plomo en la intoxicación durante la época romana sigue siendo objeto de debate y no se explica únicamente por el consumo de agua de grifo.
Debajo de la piedra esculpida, había una obra monumental: una ciudad que comprendió que, en el desierto, el poder también circula por una tubería.














