España se prepara para implementar un nuevo y controvertido impuesto: a partir del 1 de enero de 2026, todos los conductores estarán obligados a instalar una baliza V16 en sus vehículos, un cambio que sustituye a los tradicionales triángulos de emergencia. Esta medida, impulsada por la DGT, generará más de 300 millones de euros para Hacienda, lo que ha desatado un intenso debate sobre su necesidad y eficacia.
El Gobierno de Pedro Sánchez defiende que esta baliza mejorará la seguridad vial, pero críticos como el divulgador de motor Juan Francisco Calero argumentan que se trata de una obligación innecesaria y recaudatoria. En un video que se ha viralizado en redes sociales, Calero plantea serias dudas sobre la utilidad de la baliza, destacando que solo los vehículos españoles deberán cumplir con esta norma, mientras que el resto de Europa podrá seguir utilizando los triángulos sin sanciones.
Uno de los principales puntos de controversia es la falta de datos que respalden la eliminación de los triángulos. La DGT sostiene que su uso provoca atropellos, pero ni la DGT ni ningún organismo público ha presentado estadísticas que lo justifiquen, lo que deja a los conductores sin evidencia de que los triángulos hayan incrementado la siniestralidad en las carreteras.
Calero también critica la efectividad técnica de la baliza V16, señalando que en situaciones de cambio de rasante o curvas, su visibilidad es prácticamente nula. A esto se suma que la normativa permite una gran variación en la intensidad luminosa entre diferentes modelos homologados, lo que podría llevar a que muchos conductores opten por las balizas más baratas y menos efectivas.
Aunque se argumenta que la baliza V16 permitirá una “comunicación automática” con la DGT, la mayoría de los vehículos modernos ya cuentan con sistemas de llamada de emergencia (eCall) que notifican incidentes a las centrales de asistencia. En lugar de imponer un dispositivo físico, Calero propone una alternativa más lógica: una aplicación móvil gratuita que envíe la ubicación de un conductor en problemas.
Otro aspecto crítico es que la baliza V16, al ser un dispositivo electrónico, depende de pilas, lo que representa un riesgo de que esté descargada en el momento de necesidad, un inconveniente que contradice el objetivo de aumentar la seguridad en las carreteras.
Además, la campaña informativa sobre esta nueva normativa ha sido prácticamente inexistente, lo que plantea interrogantes sobre la transparencia del Gobierno. Si la baliza V16 fuera realmente tan crucial, se esperaría una explicación clara de su funcionamiento y beneficios, algo que hasta ahora ha faltado.
En resumen, la introducción de la baliza V16 en España ha generado una ola de críticas, con muchos considerando que se trata de una norma injusta, técnicamente cuestionable y con un claro sesgo recaudatorio, que afectará únicamente a los conductores españoles mientras deja intactas las prácticas en el resto de Europa. Los ciudadanos esperan más información y aclaraciones sobre esta medida antes de su implementación.
