Por Celia Arcos |
Estados Unidos ha iniciado el año con una significativa revisión de su pirámide nutricional, colocando la carne en la cúspide y eliminando los ultraprocesados del modelo dietético. Este cambio ha generado opiniones encontradas entre los expertos en nutrición en España, quienes ven tanto aspectos positivos como negativos en esta nueva dirección y, sobre todo, subrayan la importancia de las dietas mediterránea y atlántica.
Las nuevas guías dietéticas, emitidas por los Departamentos de Salud y Agricultura de EE.UU., abogan por una reducción del consumo de azúcares y un aumento en la ingesta de proteínas animales, incluyendo carne roja. El Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., ha afirmado que el objetivo de estas recomendaciones es «poner la comida real en el centro de la dieta», basándose en lo que califican de «ciencia de máxima calidad» y «sentido común».
La estructura visual de esta pirámide da un giro notable: en la parte superior, ahora más ancha, se encuentran las carnes, lácteos y grasas «saludables», además de frutas y verduras, mientras que los cereales integrales ocupan la base. Esto ha llevado a algunos expertos a calificarla de confusa. La presidenta de la Fundación Española de Nutrición (FEN), Rosaura Leis, ha comentado que «la nueva pirámide parece confusa (…) Está un poco todo mezclado. Sin embargo, tiene cosas positivas respecto a la anterior: aumenta el aporte proteico y la cantidad de verduras y de frutas es la misma que la del año 1992».
Leis ha señalado que la propia estructura visual de la pirámide puede inducir a error. Por ejemplo, sugiere un consumo de entre dos y cuatro raciones de cereales al día, aunque estos se sitúan en la cúspide. Asimismo, la carne roja se posiciona en la base, pero las directrices limitan las grasas saturadas al 10% de la ingesta total, lo cual contradice la visualización inicial. Además, ha apuntado que las legumbres no se mencionan en esta pirámide, y que la estructura tradicional es más representativa de una dieta equilibrada, aunque la nueva propuesta tiene el mérito de limitar los ultraprocesados.
El catedrático de Medicina en la Universidad de Barcelona y presidente del Comité Científico de la Fundación Dieta Mediterránea, Ramón Estruch, ha destacado que, aunque la nueva pirámide presenta aspectos positivos, también hay elementos cuestionables. Según él, «no existe ninguna guerra real contra las proteínas», sino un debate en torno a sus fuentes. Se favorece el consumo de más proteínas vegetales y de fuentes de alta calidad como el pescado y los lácteos moderados, sin abogar por la eliminación de la carne roja.
A través de estudios científicos de alta calidad, se ha demostrado que un consumo moderado de proteínas, con predominio de fuentes vegetales y pescado, está más estrechamente relacionado con una mejor salud a largo plazo. Estruch añade que «poner fin a la guerra contra las proteínas suele ser más un mensaje político que científico».
Lejos de los pros y contras de la nueva pirámide, ambos expertos han enfatizado las cualidades nutricionales de las dietas mediterránea y atlántica. Rosaura Leis ha defendido que «España tiene la gran fortuna de tener dos dietas tradicionales que son patrimonio gastronómico y cultural», dietas que son no solo saludables, sino también sostenibles para el medio ambiente. Estruch ha recordado que la dieta mediterránea es considerada uno de los patrones de alimentación más saludables, respaldada por estudios de calidad científica. Esta dieta, muy arraigada en España y el sur de Europa, contribuye a la longevidad y calidad de vida que observamos en países como España e Italia. Él concluye: «No estamos equivocados, y el tiempo seguirá dándonos la razón».
