La historia y política tras la compleja relación entre China y Taiwán

Taiwán mantiene su soberanía y democracia frente a las reclamaciones de Pekín sin base histórica

China y Taiwán vuelven a ocupar un lugar central en el debate geopolítico debido a interpretaciones históricas enfrentadas y discursos políticos que intentan justificar posiciones actuales.

La historia china, rica y compleja, se enreda a menudo con la política, generando relatos confusos o interesados. En 1949, mientras Mao Zedong y su guerrilla comunista luchaban por el poder, el país estaba gobernado por la República de China, que contaba con 38 años de existencia, una constitución aprobada por su población, reconocimiento internacional y el estatus de fundador de Naciones Unidas.

Al concluir ese año, las fuerzas maoístas, con respaldo soviético, obligaron al gobierno de la República de China a trasladar su sede desde Pekín hacia el sur y luego a las islas de Taiwán y Pescadores. Allí, el gobierno y sus fuerzas militares resistieron todos los intentos de ocupación por parte de los comunistas, manteniendo la soberanía sobre estos territorios que, hasta hoy, siguen bajo control de Taiwán, con su propio gobierno e integridad territorial.

Un aspecto fundamental es que las repúblicas se establecen en el territorio que controlan físicamente. La República Popular China fue fundada por Mao en noviembre de 1949 sin haber ocupado jamás Taiwán ni las islas Pescadores, por lo que estos territorios nunca formaron parte del régimen comunista de Pekín. Por ello, resulta insostenible la afirmación de Xi Jinping de que Taiwán es parte de China o que su «reunificación» es una necesidad histórica.

Estas afirmaciones se basan en una narrativa repetitiva que busca convencer a la opinión pública, pero carecen de fundamento histórico. Además, las nuevas generaciones taiwanesas han desarrollado una identidad propia, diferente a la China continental, basada en una educación, cultura y vida cívica distintas, y se identifican mayoritariamente como taiwanesas, disfrutando de libertades y derechos que no existen bajo el régimen comunista.

Desde 1949, ambas repúblicas han coexistido, similar al caso de las dos Coreas, donde fuerzas comunistas intentaron controlar todo el territorio sin éxito. Tras la creación de la República Popular China, la comunidad internacional reconoció inicialmente a Taiwán como representante legítimo, incluyendo su asiento en Naciones Unidas. No fue hasta 1971 que la Unión Soviética y sus aliados lograron que se retirara este reconocimiento y se entregara a Pekín.

Desde entonces, el camino político de Pekín y Taiwán ha sido radicalmente opuesto. China estableció una dictadura comunista que ha vivido dos de las etapas más trágicas de la historia, como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, con millones de víctimas y persecuciones políticas. En contraste, Taiwán se transformó en una democracia consolidada, con elecciones libres y respeto pleno a los derechos fundamentales, y una prensa que es considerada la más libre de Asia.

Además, la juventud taiwanesa recuerda cómo Xi Jinping y el Partido Comunista violaron los acuerdos con el Reino Unido respecto a la autonomía de Hong Kong, eliminando libertades y encarcelando a disidentes. Esto alimenta el temor de que una eventual toma de control de Taiwán por Pekín repetiría ese mismo modelo de represión.

Redacción

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