El régimen de Corea del Norte ha reafirmado su postura desafiante hacia la comunidad internacional al declarar que no abandonará su estatus como potencia nuclear. Así lo afirmó su líder, Kim Jong Un, durante un discurso dirigido a la asamblea legislativa en Pionyang, según lo reportado por la agencia estatal KCNA.
Estas declaraciones se producen un día después de que Kim fuera reelegido al frente de la Comisión de Asuntos de Estado, lo que refuerza su control absoluto sobre el sistema político del país. En su intervención, dejó claro que el programa nuclear no solo se mantendrá, sino que se fortalecerá como un «rumbo irreversible».
«Continuaremos consolidando firmemente nuestra condición de Estado con armas nucleares», aseguró, enfatizando la necesidad de intensificar la confrontación con lo que considera «fuerzas hostiles». Kim destacó que el desarrollo del arsenal nuclear está motivado por un objetivo de disuasión y autodefensa, en concordancia con el mandato constitucional del régimen.
El discurso abarcó también temas económicos, de defensa y política exterior. En el ámbito militar, anunció la ampliación y perfeccionamiento del poder nuclear de Corea del Norte, con el objetivo de asegurar una «preparación precisa» ante posibles «amenazas estratégicas».
Su tono fue especialmente agresivo hacia Corea del Sur, a la que calificó como «el Estado más hostil». Kim advirtió que cualquier acción que, a su juicio, ponga en riesgo la soberanía del país será respondida «sin piedad» y «sin la menor vacilación».
Estas afirmaciones se dan en un contexto de creciente tensión en la península coreana y subrayan el aislamiento internacional de un régimen que, bajo el mando de Kim desde 2011, ha mantenido una política de firmeza frente a Estados Unidos y sus aliados. La reelección de Kim y el contenido de su discurso han sido interpretados por analistas como una clara señal de la falta de apertura del sistema norcoreano. Las elecciones en el país son percibidas por críticos como procesos sin competencia real, diseñados para reforzar la legitimidad del poder establecido.













