Este sábado, el Líbano fue escenario de un ataque devastador que ha conmocionado al país. En la carretera montañosa de Jezzine, un vehículo que transportaba a cuatro periodistas fue atacado, resultando en la muerte de todos ellos. Las víctimas son Ali Choeib, reportero de la televisión Al Manar, su hijo, quien trabajaba como camarógrafo, y la corresponsal Fatima Ftouni, del canal Al Mayadeen, junto con su hermano fotógrafo.
Este ataque, ejecutado por el Ejército israelí, se considera un hecho sin precedentes en el Líbano, similar a los ataques que han ocurrido en Gaza. Israel ha acusado a Choeib de ser parte de la unidad de inteligencia de la fuerza Radwan de Hezbolá, alegando que uno de sus «crímenes» fue informar sobre los movimientos israelíes en Líbano.
En otro ataque, media hora antes, dos soldados libaneses perdieron la vida en Deir Zahrani. También se reporta que un padre y su hijo fueron asesinados en un bombardeo en la localidad de Debel, cercana a la frontera. Desde la noche del viernes, se ha informado sobre la muerte de ocho paramédicos en la región de Nabatiye, en el sur de Líbano. Estos paramédicos, que formaban parte de la Asociación de Escoltas del Mensaje Islámico, se encontraban realizando labores de rescate y primeros auxilios.
De esos ocho paramédicos, cinco murieron en un ataque aéreo dirigido a una ambulancia de la Defensa Civil mientras trasladaba a heridos de un ataque anterior en Kfar Dajjal. A tan solo nueve kilómetros de distancia, otro ataque israelí acabó con la vida de dos paramédicos en Kfar Tebnit, en un ataque nuevamente ejecutado mediante un doble disparo contra un puesto de esta asociación.













