El mundo enfrenta una grave crisis de escasez de agua, según la ONU

La ONU advierte que hemos entrado en "bancarrota hídrica" por el uso excesivo de agua.

Un reciente informe de las Naciones Unidas ha puesto de manifiesto que el planeta ha alcanzado un estado de «bancarrota hídrica» debido a la utilización insostenible de agua dulce en un contexto de cambio climático. Este fenómeno afecta a regiones que ya no pueden recuperarse de las recurrentes sequías.

Cerca de 4.000 millones de personas, lo que equivale a casi la mitad de la población mundial, experimentan una grave escasez de agua durante al menos un mes al año. La falta de acceso a agua suficiente para cubrir todas sus necesidades se traduce en consecuencias devastadoras, como embalses vacíos, ciudades que se hunden, cosechas perjudicadas, racionamiento de agua, incendios forestales y tormentas de polvo.

Las señales de esta crisis son visibles en diversas partes del mundo. En Teherán, las sequías y el uso desmedido de recursos hídricos han llevado a la capital iraní a una situación crítica, avivando tensiones políticas. En Estados Unidos, la demanda de agua ha superado el suministro del río Colorado, vital para el abastecimiento de siete estados.

La «bancarrota hídrica» no es solo un término que describe la falta de agua, sino una condición crónica que surge cuando se extrae más agua de la que la naturaleza puede reponer de manera confiable. Esto se agrava por el daño a los activos naturales que almacenan y filtran el agua, como acuíferos y humedales, lo que dificulta su recuperación.

Un estudio liderado por el Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud concluye que el mundo ha superado las crisis hídricas temporales. Muchos sistemas hídricos naturales no podrán volver a sus condiciones históricas, encontrándose en un estado de colapso. Este colapso tiene similitudes con la quiebra financiera, donde los primeros indicios parecen manejables pero rápidamente se agravan.

Por ejemplo, al principio se extrae un poco más de agua subterránea durante los años secos, utilizando bombas más grandes y pozos más profundos. Sin embargo, a medida que los lagos disminuyen y los ríos se vuelven estacionales, comienza a aparecer una serie de costos ocultos. En Ciudad de México, por ejemplo, el terreno se hunde aproximadamente 25 centímetros cada año debido al exceso de extracción de agua subterránea.

La agricultura, que consume cerca del 70% del agua dulce a nivel mundial, se ve especialmente afectada. La escasez de agua dificulta la producción agrícola, aumentando los costos y generando desempleo. Más de 3.000 millones de personas y más de la mitad de la producción global de alimentos se concentran en áreas donde los recursos hídricos son inestables.

Además, las sequías están aumentando en duración y frecuencia, afectando a 1.800 millones de personas en diversos momentos entre 2022 y 2023. Esto se traduce en problemas tangibles: incremento de precios de alimentos, escasez de energía hidroeléctrica, riesgos para la salud y conflictos sociales.

La situación actual se ha desarrollado porque la demanda de agua ha superado la oferta natural. La naturaleza proporciona anualmente una cantidad de agua a cada región, y cuando la demanda se incrementa, se recurre a la extracción de aguas subterráneas más allá de su capacidad de recarga. Este enfoque puede funcionar temporalmente, pero los humedales naturales están desapareciendo rápidamente, impidiendo la retención y purificación del agua.

El cambio climático complica aún más el panorama, ya que reduce las precipitaciones en diversas partes del mundo y aumenta la necesidad de agua para la agricultura y la producción de energía. A pesar de estos desafíos, muchos países continúan incrementando la extracción de agua para apoyar la expansión de ciudades y la agricultura.

La «bancarrota hídrica» no afecta a todas las regiones del mundo, pero las cuencas hídricas están interconectadas, y el colapso en una de ellas puede generar presiones en otras, incrementando las tensiones geopolíticas.

Frente a esta crisis, es fundamental tomar medidas. La primera etapa consiste en reconocer que el equilibrio hídrico está roto, lo que implica establecer límites de uso del agua que reflejen la disponibilidad real. Además, es crucial proteger el capital natural, restaurar ecosistemas acuáticos y gestionar la recarga de aguas subterráneas.

Asimismo, es necesario implementar un uso más equitativo del agua, gestionando la demanda de manera que no se perjudique a los más vulnerables. Para ello, se pueden utilizar técnicas de teledetección para monitorear los recursos hídricos y establecer planes de contingencia.

Finalmente, es fundamental repensar cómo se diseñan las ciudades y los sistemas agrícolas, adaptándose a un futuro con menor disponibilidad de agua. Este desafío, al igual que los problemas financieros, puede ser un punto de inflexión, permitiendo que la humanidad aprenda a vivir dentro de sus límites hídricos.

Redacción

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