Las autoridades de Austria han expulsado recientemente a tres diplomáticos rusos acusados de espionaje, según informó la televisión pública austriaca ORF. La justicia del país inició una investigación contra estos individuos, sospechosos de emplear una red de antenas instaladas en las azoteas de edificios diplomáticos con fines de vigilancia.
El gobierno austriaco exigió que Moscú levantara la inmunidad diplomática de los implicados, pero al no recibir respuesta en el plazo establecido, decidió declararlos persona non grata, obligando a los tres a abandonar territorio austríaco. La ministra de Asuntos Exteriores, Beate Meinl-Reisinger, calificó de «inaceptable» el uso de la inmunidad para actividades de espionaje y subrayó que Austria intensifica su acción contra estas prácticas.
El embajador ruso en Viena fue convocado a mediados de abril para ofrecer explicaciones sobre las supuestas tareas de vigilancia desde dos instalaciones de la embajada rusa, ubicadas en el centro y en la periferia de Viena. Según ORF, en los tejados de estos edificios se encuentran varias antenas que habrían servido para interceptar comunicaciones electrónicas y satelitales transmitidas por organizaciones internacionales asentadas en Viena.
Viena, considerada desde hace décadas un núcleo del espionaje global, alberga importantes organismos como la tercera sede de Naciones Unidas, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Estas instituciones convierten a la capital austriaca en un punto estratégico para la inteligencia extranjera.
Desde el estallido de la guerra en Ucrania en febrero de 2022, Rusia ha incrementado progresivamente sus infraestructuras de espionaje en Viena, según fuentes europeas. Un diplomático destacado con base en la ciudad afirmó que Rusia utiliza esta ubicación como su principal centro de operaciones para monitorear comunicaciones tanto en Europa como en Oriente Medio y África.
El informe de la Red de Seguridad Digital (DSN) y otras fuentes oficiales señalan que en la embajada rusa hay entre seis y ocho antenas solo en la azotea, algunas capaces de captar señales no destinadas a Rusia. Bajo la presión de las autoridades austriacas, parte del equipo ha sido desmantelado, aunque no se especifican detalles sobre la cantidad y ubicación exacta.
Austria, que mantiene un estatus de neutralidad desde 1955 y no forma parte de la OTAN aunque sí de la Unión Europea, ha expulsado ya a un total de 14 diplomáticos rusos desde el inicio del conflicto en Ucrania. A pesar de ello, se estima que en el país permanecen alrededor de 500 diplomáticos rusos, y hasta un tercio podrían estar involucrados en actividades de inteligencia.
En otro caso relacionado, la compañía energética austríaca OMV despidió en septiembre pasado a un empleado sospechoso de espiar para Rusia, tras mantener reuniones periódicas con un diplomático ruso, según informó el director ejecutivo de la empresa. Este episodio refuerza la percepción de que la embajada rusa en Viena es un centro clave para las operaciones de inteligencia del Kremlin.
Un documento del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) destaca que, tras la expulsión masiva de diplomáticos y la captura de agentes en Europa, Rusia ha adaptado su estrategia de espionaje, recurriendo ahora a agentes de bajo perfil reclutados a través de redes sociales y plataformas de juego, combinando tácticas de desinformación, ciberataques y sabotajes.
Con este contexto, Austria se posiciona firme frente a las actividades de espionaje en su territorio, denunciando la utilización indebida de la inmunidad diplomática y reforzando su cooperación con otros países europeos para fortalecer la seguridad y defensa frente a las amenazas híbridas provenientes de Rusia.












