Moreno Argentin, legendario ciclista italiano, habló con ABC desde la línea de meta tras presenciar la victoria de Paul Seixas en la Flecha Valona. Con 65 años y cuatro triunfos en la Lieja-Bastoña-Lieja, Argentin refleja una mirada crítica hacia el ciclismo actual, marcado para él por la estandarización y la falta de emoción.
Argentin recuerda sus años dorados en la Lieja, donde la carrera era intensa desde la primera vuelta, especialmente en el Muro de Huy. Contrasta ese pasado con la actualidad, donde la llegada de jóvenes talentos como Pogačar, Evenepoel y ahora Seixas, aunque prometedora, no logra entusiasmarle del todo. Según él, el ciclismo contemporáneo parece más previsible, con niveles muy igualados que facilitan que un favorito como Seixas se imponga sin demasiada sorpresa.
El excorredor también expone un cambio generacional en la forma de competir, criticando que algunos jóvenes pedaleen «como amateurs» y alertando sobre el riesgo de quemarse mentalmente al afrontar demasiadas carreras importantes de forma prematura. Recomienda cautela y prudencia para talentos emergentes como Seixas.
Su legado y la polémica de la Gewiss
Argentin rememora con detalle sus triunfos en la clásica belga, especialmente aquel año 1987 en que venció enfundado en el maillot de campeón del mundo. Asegura que la clave para ganar en Lieja era estar siempre en los lugares decisivos y que, aunque la carrera no es natural sino muy seleccionada, requería de una gran fortaleza y gen competitivo.
En referencia a la legendaria escapada de la escuadra Gewiss en la Flecha Valona de 1994, Argentin aclara que no hubo ningún plan oculto ni dopaje masivo, sino una superioridad basada en métodos de entrenamiento avanzados y trabajo en altura que otros equipos no aplicaban. Destaca que él y sus compañeros siempre se sometieron a los controles pertinentes y que su equipo estaba a la vanguardia en preparación física.
El controvertido papel de Michele Ferrari
Sobre Michele Ferrari, preparador polémico en el mundo del ciclismo, Argentin se muestra claro: mientras trabajó con él, Ferrari fue un entrenador excepcional que no se dedicaba a «fabricar cócteles dopantes». Reconoce que luego la figura de Ferrari se asoció a prácticas dudosas, especialmente en la era Armstrong, pero insiste en que su experiencia personal fue distinta y siempre respetó los límites de su cuerpo y las normas antidopaje.
Argentin concluye con una reflexión sobre el dopaje en el deporte, recordando que sigue siendo un problema grave y que sustancias como el EPO han transformado a corredores normales en auténticos fenómenos, lo que representa un gran desafío para la integridad del ciclismo y el deporte en general.
Por último, reconoce la grandeza de Miguel Induráin en las pruebas por etapas y admite que esa modalidad nunca se ajustó a sus características, quedando siempre más ligado a las clásicas de un día, donde dejó una huella imborrable.












