El Comité Olímpico Internacional (COI) ha tomado la controvertida decisión de reintroducir la verificación del sexo en el deporte, excluyendo a mujeres como Imane Khelif de la categoría femenina debido a la presencia del gen SRY. Este cambio marca un regreso a prácticas que se creían superadas desde hace tres décadas.
Según el comunicado del COI, las atletas que no presenten el gen SRY podrán competir en la categoría femenina. Sin embargo, este enfoque ha sido criticado por su naturaleza discriminatoria, ya que afecta especialmente a mujeres trans e intersex. El COI ha definido a las mujeres biológicas y hombres biológicos de forma que implica una clara exclusión de estas atletas del ámbito competitivo femenino.
La decisión también afecta a mujeres intersex que, a pesar de tener el gen SRY, no experimentan efectos del desarrollo masculino. La exatleta intersexual María José Jiménez Patiño ha señalado que muchas mujeres intersex pueden no tener insensibilidad completa a los andrógenos, lo que las coloca en una posición vulnerable frente a esta nueva normativa.
El historial de discriminación basado en el sexo biológico es extenso. En 2009, Caster Semenya tuvo que someterse a pruebas de verificación que incluyeron exámenes médicos invasivos, lo que generó un gran debate sobre su condición como mujer. Casos similares han surgido, como el de Dutee Chand, quien fue suspendida en 2014 por superar los niveles de testosterona establecidos por la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF).
Con la nueva normativa del COI, cualquier atleta que dé positivo en el gen SRY se considerará un hombre biológico, impidiéndole competir en la categoría femenina, independientemente de su tratamiento hormonal. Khelif, quien recientemente reveló tener el gen SRY y había estado bajo tratamiento para reducir su testosterona, se enfrenta a la misma exclusión.
Un artículo científico reciente critica la validez de los tests de verificación del sexo, argumentando que se basan en criterios subjetivos y son desproporcionadamente aplicados a mujeres africanas. El COI había abandonado estas pruebas hace 30 años, considerándolas científicamente y éticamente injustificables.
La decisión del COI ha sido calificada por algunos expertos, como Alberto Carrio, profesor de Filosofía del Derecho, como más política que científica. Esta controversia refleja la tensión entre la biología y la ética en el deporte, planteando preguntas sobre cómo se han diseñado las categorías deportivas en función de criterios que favorecen a los hombres.
Adicionalmente, esta decisión podría entrar en conflicto con normativas de privacidad en Europa, ya que implicaría la recopilación de datos biológicos sensibles. La discusión sobre la inclusión y la equidad en el deporte continúa siendo un tema candente, con implicaciones profundas para la identidad y los derechos de las deportistas.












