Un nuevo nanomaterial inyectable podría revolucionar el tratamiento del ictus

Científicos desarrollan un nanomaterial que protege el cerebro tras un ictus isquémico, reduciendo daños secundarios.

Un grupo de científicos de la Universidad Northwestern en Estados Unidos ha desarrollado un innovador nanomaterial inyectable que promete proteger el cerebro tras un ictus isquémico, el tipo más común de ictus. Este avance se centra en minimizar el daño cerebral que ocurre tras la restauración del flujo sanguíneo, un proceso que, aunque vital, a menudo provoca complicaciones adicionales.

El equipo de investigación realizó un estudio preclínico en el que administraron una única dosis intravenosa del nanomaterial en un modelo murino, inmediatamente después de restablecer el flujo sanguíneo. Este material, que atraviesa la barrera hematoencefálica, mostró una notable eficacia al reducir el daño cerebral y, lo más importante, no presentó efectos secundarios ni toxicidad en los órganos.

Resultados prometedores en la lucha contra el ictus

Los hallazgos del estudio fueron publicados el 7 de enero de 2024 en la revista Neurotherapeutics. Según el doctor Ayush Batra, autor corresponsal del estudio y profesor de neurología en la Facultad de Medicina Feinberg, “los enfoques clínicos actuales se centran únicamente en restablecer el flujo sanguíneo”. Sin embargo, el nuevo nanomaterial podría complementar estos tratamientos al limitar la lesión cerebral secundaria y favorecer la recuperación neuronal.

La terapia inyectable se basa en péptidos terapéuticos supramoleculares (STP), una plataforma desarrollada por Samuel I. Stupp. Este enfoque innovador se apoya en la técnica de las “moléculas danzantes”, que han demostrado su capacidad para reparar tejido en lesiones de la médula espinal tras una sola inyección. Los investigadores han descubierto que se pueden administrar estos ensamblajes de moléculas por vía intravenosa, evitando la necesidad de una inyección invasiva en el cerebro.

Implicaciones para el tratamiento de ictus y otras enfermedades

El ictus isquémico agudo representa el 80 por ciento de todos los ictus en Estados Unidos y es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el mundo. Cuando un coágulo bloquea el flujo sanguíneo, los médicos deben actuar rápidamente para abrir el vaso sanguíneo, lo que a menudo implica la administración de fármacos trombolíticos o la extracción quirúrgica del coágulo. Esta situación puede resultar en discapacidades permanentes, afectando gravemente la calidad de vida de los pacientes.

Batra señala que “reducir este nivel de discapacidad con una terapia que ayude a restaurar la función y minimizar el daño tendría un impacto muy poderoso a largo plazo”. El estudio imita el tratamiento real del ictus, ya que los científicos bloquearon el flujo sanguíneo y luego lo restablecieron, tal como se hace en la práctica clínica. Durante siete días, monitorizaron a los ratones y confirmaron que la terapia se localizaba en la zona de la lesión, mostrando resultados significativamente mejores en comparación con los ratones no tratados.

El doctor Samuel I. Stupp también destacó que el tratamiento tiene propiedades proregenerativas y antiinflamatorias, lo que contribuye a los resultados positivos observados. “Cuando se produce el bloqueo, se acumulan moléculas dañinas, y al retirar el coágulo, esos ‘malos actores’ causan más daño. Las moléculas danzantes tienen actividad antiinflamatoria que contrarresta estos efectos y ayudan a reparar las redes neuronales”, explicó.

A pesar de los prometedores resultados, los investigadores reconocen que se requieren más estudios para evaluar si esta nueva terapia puede facilitar una recuperación funcional a largo plazo. Muchos pacientes con ictus experimentan un deterioro cognitivo significativo en el año siguiente al evento, y aunque la nueva terapia está diseñada para abordar esta lesión secundaria, se necesitarán estudios de seguimiento más prolongados y pruebas conductuales más sofisticadas.

El equipo de investigación también está interesado en explorar la posibilidad de incorporar señales regenerativas adicionales a los péptidos terapéuticos para maximizar los resultados. Así, este avance no solo podría transformar el tratamiento del ictus, sino también ofrecer soluciones para lesiones cerebrales traumáticas y enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

Redacción

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