La doctora Patricia Altea, a sus 36 años, se ha consagrado en la investigación del cáncer de mama metastásico. Desde su infancia, inspirada por la imagen de los científicos en series como CSI, decidió que su futuro estaría ligado a la ciencia. Sin embargo, su camino no fue fácil, ya que durante sus años de formación, apenas encontró referentes femeninos en su disciplina.
A pesar de la creciente presencia de mujeres en la ciencia, Altea destaca que en los puestos de liderazgo todavía son una minoría. «Las mujeres somos mayoría en la ciencia, pero minoría en los puestos de responsabilidad», afirma. Este es un fenómeno que se agrava a medida que avanza la carrera profesional, donde muchas investigadoras se ven obligadas a renunciar a sus aspiraciones de liderazgo.
Altea, que dirige el grupo de Regulación Metabólica y Señalización en Cáncer en el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER) en Sevilla, ha tenido que hacer sacrificios personales para alcanzar su posición actual. A lo largo de su trayectoria, ha compaginado su vida profesional con su deseo de formar una familia, un equilibrio que, reconoce, es complejo en el ámbito de la investigación.
En su camino, la doctora encontró un referente significativo en su tutora durante el doctorado, la doctora Rosario Sánchez, quien le demostró que era posible ser científica y tener una vida familiar. Sin embargo, la falta de apoyo y la presión para obtener resultados rápidos son desafíos que persisten en la ciencia.
La investigación de Altea se centra en las células tumorales metastásicas, que presentan características diferentes a las del tumor primario. Su equipo trabaja para entender mejor estas células y desarrollar tratamientos más efectivos. «Nuestros tratamientos actuales no funcionan para la metástasis, por ello es crucial estudiar este tipo de células», explica.
A pesar de los avances, Altea subraya la necesidad de más científicos y científicas motivados que continúen el trabajo en este campo. «La ciencia es un camino largo y requiere pasión», concluye, enfatizando la importancia de mantener la motivación en las nuevas generaciones de investigadores.














