Los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen han regresado a la Tierra tras completar un viaje histórico a la Luna. La tripulación amerizó a las 2.07 de la madrugada, hora peninsular, después de haber recorrido 406.000 kilómetros, superando en 6.000 kilómetros la distancia alcanzada en la famosa misión del Apolo 13.
A pesar de que la misión se desarrolló según lo planeado, hubo varios momentos críticos. El lanzamiento del cohete SLS, el más potente jamás construido por la NASA, tuvo lugar a las 00.35 horas del pasado lunes, aunque inicialmente estaba programado para febrero. Una fuga de hidrógeno y otros problemas técnicos obligaron a los ingenieros a realizar revisiones exhaustivas en un aparato cuyo coste asciende a 4.000 millones de dólares por vuelo. En el último momento, los sistemas de emergencia también presentaron fallos, pero los ingenieros lograron solucionarlos a tiempo para permitir el despegue.
Antes de dirigirse a la Luna, la nave Orion completó dos órbitas alrededor de la Tierra para asegurarse de que todos sus sistemas funcionaban correctamente. Una vez transcurridas 24 horas, la nave encendió su único motor para iniciar la maniobra conocida como inyección translunar, que la llevaría a flotar en el espacio hasta alcanzar su destino.
Los expertos de la NASA ya anticipaban que durante la fase en que la Orion se adentrara en la cara oculta de la Luna, se perdería la comunicación. Esto ocurre porque el satélite interfiere en la conexión con la Red del Espacio Profundo (DSN, por sus siglas en inglés), una red de antenas ubicadas en Madrid, Canberra (Australia) y Goldstone (Estados Unidos), encargadas de rastrear la misión. Durante 50 minutos, la nave quedó incomunicada, momento en que Victor Glover se despidió con un «nos veremos al otro lado». Al recuperar el contacto, el equipo en Houston saludó a la tripulación: «Hola Orion. Estamos listos para traeros a casa».
El último gran reto de la misión fue la reentrada en la atmósfera terrestre. El escudo térmico que protege la Orion, diseñado con tres capas, debía soportar temperaturas superiores a los 3.000 grados Celsius generadas por la fricción con la atmósfera. En la misión Artemis 1, llevada a cabo en diciembre de 2022, el escudo sufrió más daños de los esperados. Para esta ocasión, los ingenieros simplificaron la maniobra de reentrada para evitar problemas similares.













