La industria del tabaco y su legado en la negación del cambio climático

La estrategia del tabaco resurge en la industria petrolera que niega el cambio climático.

Desde hace décadas, el debate sobre el cambio climático ha sido objeto de controversia, en gran parte debido a tácticas que la industria del tabaco utilizó en el pasado. En los años 50, ya había evidencia científica contundente que demostraba la relación entre el consumo de tabaco y el cáncer, pero la industria tabacalera optó por ocultar datos y financiar investigaciones que desacreditaran a los científicos. Esto generó una atmósfera de duda en la sociedad sobre los peligros del tabaco.

En 2006, los tribunales estadounidenses finalmente declararon culpable al sector tabacalero de haber diseñado un plan para engañar a los consumidores acerca de los riesgos de fumar. Sin embargo, parece que esta estrategia se ha trasladado a la industria petrolera, que ha comenzado a sembrar dudas sobre la existencia y el impacto del cambio climático.

A pesar del consenso científico que señala que las emisiones de gases de efecto invernadero, resultado del uso intensivo de combustibles fósiles, son las principales causantes de la crisis climática actual, la negación organizada del cambio climático sigue siendo un fenómeno presente en la sociedad. Este fenómeno, que algunos expertos denominan «negacionismo», se caracteriza por el rechazo a las evidencias científicas.

La profesora de historia de la ciencia, Naomi Oreskes, recopiló en 2004 cerca de mil investigaciones que evidenciaban el consenso científico sobre el cambio climático, publicando sus hallazgos en la revista Science. A pesar de la rigurosidad de su trabajo, Oreskes fue objeto de ataques personales y su universidad tuvo que crear un comité para evaluar sus investigaciones, las cuales fueron consideradas «intachables».

Oreskes, junto con el historiador Erik M. Conway, publicó en 2010 el libro «Mercaderes de la duda», donde revela cómo la industria de los combustibles fósiles ha utilizado estrategias similares a las de las tabacaleras para generar confusión y dudas en el público sobre el cambio climático. En su obra, los autores mencionan a varios «mercaderes de la duda» como Frederick Seitz y Fred Singer, quienes han sido fundamentales en la difusión del negacionismo.

A través de campañas de desinformación, la industria del petróleo ha conseguido desviar el debate hacia la supuesta falta de consenso entre científicos y negacionistas, distorsionando la labor periodística que busca dar voz a diversas opiniones. Este «falso debate» ha llevado a que se equiparen las opiniones de los científicos con las de quienes niegan la realidad del cambio climático, creando una percepción equivocada en la opinión pública.

Además, se han descubierto acciones encubiertas por parte de empresas como ExxonMobil, que conocían desde hace años el impacto de sus actividades en el cambio climático. Documentos internos revelaron que la compañía había contratado a expertos para modelar el clima y, a pesar de obtener resultados alarmantes, optó por ocultar esta información mientras promovía una campaña negacionista.

En este contexto, los movimientos negacionistas han evolucionado. Algunos reconocen la existencia del cambio climático, pero promueven la inacción, argumentando que es demasiado tarde para actuar o que la responsabilidad recae en otros. Este nuevo enfoque podría representar una amenaza aún mayor para el avance de políticas efectivas en la lucha contra la crisis climática.

La batalla por la verdad sobre el cambio climático también se libra en el ámbito de la información. Es crucial contrarrestar la desinformación y la polarización que han distorsionado la voz de la ciencia durante décadas, ya que solo así la sociedad podrá tomar conciencia del problema y actuar en consecuencia.

Redacción

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