Una nueva propuesta científica de la física sueca Maria Strømme plantea que la conciencia humana no desaparece tras la muerte, sino que se integra en un campo de conciencia más amplio. Publicada en la revista AIP Advances, esta teoría desafía la noción convencional de que la conciencia es un mero producto del cerebro.
Strømme sugiere que la conciencia es un elemento fundacional de la realidad, similar a los campos que se utilizan en física para describir el universo. El trabajo lleva por título «Universal consciousness as foundational field: A theoretical bridge between quantum physics and non-dual philosophy» y establece un marco matemático que evidencia cómo emergen tanto las experiencias como la individualidad.
La autora se basa en lo que denomina «tres principios»: mente universal, conciencia universal y pensamiento universal, que se describen como el sustrato creativo, la capacidad de experiencia y el mecanismo para diferenciar estados. En este contexto, el universo material —que incluye espacio, tiempo y materia— sería una fase derivada de este sustrato. Strømme utiliza conceptos de la física, como la ruptura de simetría, para ilustrar su narrativa.
Uno de los puntos más llamativos de su investigación es la interpretación de la conciencia individual como una «excitaciones localizadas» dentro de este campo universal. Según esta visión, la muerte no implicaría la aniquilación de la conciencia, sino una pérdida de la localización individual, un retorno a un fondo común de conciencia.
A pesar de su atractivo, esta teoría aún no tiene el mismo peso que las corrientes predominantes en la investigación sobre la conciencia, que tienden a centrarse en correlatos neuronales y en la dinámica del cerebro sin necesidad de recurrir a cosmología. La relevancia del artículo de Strømme radica más en su intento de traducir intuiciones de filosofías no duales a un lenguaje formal que recuerde a la física matemática, lo que ha generado interés mediático y un comunicado de su universidad.
Sin embargo, formalizar estas ideas no implica necesariamente su verificación. Para que una teoría como la de Strømme logre aceptación en la comunidad científica, deberá generar predicciones medibles y un programa que permita contrastar sus postulados en campos como la neurobiología o la cosmología.













