Un equipo de la University of Arizona ha desarrollado una técnica innovadora para detectar glaciares ocultos bajo capas de roca usando drones equipados con radar de penetración terrestre, un avance que podría revolucionar la búsqueda de agua en Marte.
La exploración de otros planetas habitualmente se asocia con tecnología espacial avanzada o misiones interplanetarias, pero esta investigación destaca la importancia de entender cómo localizar hielo enterrado en la Tierra antes de trasladar esta experiencia al planeta rojo.
Los científicos realizaron su trabajo de campo en zonas remotas de Alaska y Wyoming, donde existen glaciares cubiertos por escombros que simulan las condiciones marcianas. A diferencia de los glaciares visibles, muchos están ocultos bajo sedimentos y rocas que actúan como aislantes, retrasando su deshielo. En Marte, grandes depósitos de hielo se encuentran bajo polvo y rocas, especialmente en latitudes medias, alejadas de los polos.
Hasta ahora, los satélites en órbita marciana podían detectar grandes masas de hielo, pero carecían de la resolución necesaria para conocer detalles fundamentales para futuras misiones, como la profundidad del hielo o las capas que lo cubren. Aquí es donde los drones con radar de penetración terrestre ofrecen una ventaja crucial al volar a baja altura y obtener imágenes detalladas del subsuelo.
Roberto Aguilar, uno de los investigadores, explica la importancia de esta precisión: «Si quieres decidir dónde perforar en Marte, necesitas saber si el hielo está bajo un metro de cascotes o a diez metros». La profundidad exacta influye directamente en el éxito o fracaso de la misión, sobre todo en un entorno tan hostil como el marciano.
El equipo comprobó la fiabilidad de su método comparando los datos del radar con perforaciones reales en los glaciares terrestres, obteniendo una alta coincidencia. Además de medir la profundidad, el radar permitió analizar la pureza del hielo y detectar capas internas de roca, elementos que aportan información sobre la historia climática de estos glaciares.
Estas capas internas actúan como archivos naturales, registrando cambios ambientales a lo largo de siglos o milenios. En Marte, estudiar estructuras similares podría ofrecer claves sobre la evolución climática del planeta, uno de los objetivos principales de la NASA y otras agencias espaciales.
Más allá del aspecto científico, el hallazgo tiene implicaciones prácticas fundamentales para la exploración espacial. El agua es un recurso estratégico para el consumo humano, la producción de oxígeno y el combustible. Identificar depósitos accesibles de hielo es esencial para misiones tripuladas futuras.
Además, el uso de drones mejora la eficiencia de las operaciones al evitar perforaciones innecesarias, concentrándose en lugares donde el hielo esté más cerca de la superficie. Esto reduce costes, riesgos y tiempo, factores críticos en cualquier misión espacial.
No obstante, los investigadores reconocen que la tecnología requiere adaptaciones para su aplicación en Marte, ya que el radar no funciona igual en todos los terrenos. Sin embargo, este enfoque llena un vacío entre las observaciones orbitales y las futuras exploraciones sobre el terreno.
Curiosamente, detrás de este avance tecnológico hay un trabajo de campo arduo y poco vistoso: largas caminatas por terrenos difíciles, enfrentando mosquitos y cargando equipos manualmente. Este contraste entre la dureza del trabajo en la Tierra y su potencial impacto en la exploración espacial ilustra cómo los grandes avances científicos suelen nacer en escenarios inesperados.













