Marta y Lluis celebran 33 años de intercambio de casas en vacaciones

Lluis y Marta disfrutan del intercambio de casas como una opción cómoda y económica para viajar.

Lluis Anglada y su esposa, Marta Tort, han estado intercambiando casas durante sus vacaciones desde hace 33 años. Lluis recuerda que esa práctica era especialmente «ideal» cuando sus hijos eran pequeños, ya que buscaban un lugar cómodo que facilitara la convivencia familiar. Al optar por la casa de otra familia, tenían todo a mano, lo que resultaba más sencillo, sobre todo si alguno de los niños se sentía mal.

La pareja se unió a Intervac Home Exchange, una plataforma pionera en el intercambio de casas que comenzó en 1952. Originalmente, los contactos se realizaban por correo postal, lo que requería tiempo para coordinar fechas y vacaciones. Gracias a esta agencia, han podido viajar a Estados Unidos y a varios destinos en Europa, como Islandia, Suiza, Alemania y Francia.

El intercambio de casas les ha permitido disfrutar de una forma de viajar que consideran no solo económica, con una cuota anual de 125 euros, sino también más cómoda. «Si un día llueve, no hay presión de salir. Puedes quedarte leyendo o viendo una película», explica Lluis, quien también destaca la ventaja de poder llevar a su perro con ellos, algo que no sería posible en hoteles.

Esta modalidad de alojamiento les permite decidir cuánto quieren gastar en comida o actividades, como llevar a los niños a una atracción en Londres. Lluis señala que la experiencia de habitar en casas de otras personas les ha permitido vivir como locales, y tras tantos años, no ha notado diferencias culturales significativas. «Es gente como tú», afirma, resaltando que, aunque los horarios y costumbres pueden variar, es una oportunidad para aprender y comprender a los demás.

La pareja también ha realizado intercambios con propietarios que tienen huertos o jardines, lo que les ha permitido disfrutar de espacios que no tendrían en su hogar habitual. Además, el intercambio facilita el mantenimiento de propiedades, como piscinas, mientras los propietarios están ausentes. «Hay un contacto humano muy correcto, pero no es necesario estar en constante comunicación», añade.

Una de las características más atractivas del «home exchange» es que cada casa es única, lo que añade un elemento de aventura al viaje. Lluis menciona que, aunque a veces puede haber inconvenientes menores, como el funcionamiento de un sistema de calefacción, la experiencia en su conjunto es positiva. «Te adaptas a la situación», comenta, enfatizando que el intercambio es una experiencia fantástica para los niños, quienes aprenden a respetar los espacios ajenos y disfrutan de jugar con juguetes diferentes.

A pesar de que muchos amigos de la pareja se muestran reacios a dejar sus casas, ellos están convencidos de que intercambiar hogares es la mejor opción. Recuerdan una estancia en un pueblo cerca de Múnich, donde encontraron un mercadillo que les encantó. «Disfrutas de las diferencias y descubres cosas nuevas», concluyen.

Redacción

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