El Prerrománico asturiano se erige como un símbolo de la identidad arquitectónica europea, revelando la resistencia cultural del pequeño Reino de Asturias durante el dominio árabe de la Península Ibérica. Este estilo, que se desarrolló en el siglo IX, no solo transformó el paisaje arquitectónico de la región, sino que también sentó las bases para las grandes catedrales que hoy en día son orgullo de Europa.
Un patrimonio arquitectónico reconocido
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985, el Prerrománico asturiano incluye joyas arquitectónicas como la Iglesia de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Este conjunto monumental destaca por su sorprendente verticalidad, que se traduce en muros elevados y contrafuertes externos, elementos que antes de su estandarización en el resto de Europa, ya eran usados en Asturias. En particular, Santa María del Naranco, construida no como iglesia, sino como palacio de recreo para el rey Ramiro I en el año 842, es un prodigio de equilibrio y estética, con una estructura que parece más propia del Renacimiento que de la Alta Edad Media.
A pocos metros de allí, San Miguel de Lillo conserva un tercio de su trazado original, con jambas esculpidas que representan escenas del circo romano, reflejando la conexión cultural del reino con su pasado imperial.
Rutas del Prerrománico en Asturias
La ruta por el Prerrománico asturiano se extiende más allá de Oviedo, hacia el concejo de Lena, donde se encuentra la Iglesia de Santa Cristina de Lena. Esta pequeña ermita, situada en lo alto de una colina que domina el valle del río Caudal, es considerada por muchos como la más espiritual de todas. Su mayor tesoro, un iconostasio con una triple arcada de piedra, separa el altar de la nave, creando un espacio de proporciones perfectas que encapsula la sobriedad y elegancia del estilo prerrománico.
La ruta concluye en el valle de Boides, en Villaviciosa, donde se alza San Salvador de Valdediós, conocido popularmente como “El Conventín”. Aunque no forma parte de la lista oficial de Patrimonio de la Humanidad, este templo, construido a finales del siglo IX por Alfonso III el Magno, es un destacado exponente del prerrománico asturiano. Su estructura marca la transición hacia el arte mozárabe, mostrando arcos de herradura y una ornamentación que anticipa el final de esta época dorada del Reino de Asturias.
Para aquellos interesados en explorar este legado arquitectónico, es recomendable establecer Oviedo como base de operaciones, ya que la ciudad alberga la Cámara Santa de la Catedral, donde se custodian algunas de las reliquias más importantes de la cristiandad, como el Santo Sudario y las cruces de la Victoria y de los Ángeles.
Visitar el Prerrománico asturiano no es solo una experiencia visual, sino una inmersión en la historia que refleja el origen de la resistencia y la identidad arquitectónica europea. Además, la gastronomía de la zona, con platos típicos como el pote asturiano y la sidra de Villaviciosa, complementa este recorrido por uno de los paisajes más verdes de España, convirtiendo la ruta en una experiencia cultural y sensorial completa.














