El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la imposición de un arancel adicional del 25% a las importaciones de determinados microprocesadores avanzados y productos derivados a partir del jueves. Esta medida busca fortalecer la cadena de suministro tecnológica del país y reducir la dependencia de fuentes extranjeras.
En la orden firmada, Trump destaca que este arancel no se aplicará a las importaciones destinadas a investigación y desarrollo (I+D), centros de datos, reparaciones, reemplazos realizados en el país o para startups estadounidenses. Estas excepciones se otorgarán solo si el secretario de Comercio, Howard Lutnick, determina que contribuyen al fortalecimiento de la cadena de suministro tecnológica.
La dependencia de Estados Unidos de las importaciones es considerable, ya que consume aproximadamente una cuarta parte de los semiconductores a nivel mundial, pero solo produce el 10% de los chips que necesita. Trump advierte que esta situación representa un riesgo significativo tanto para la economía como para la seguridad nacional.
Negociaciones y futuros aranceles
El presidente ha instruido al secretario de Comercio y al Representante Comercial de Estados Unidos para que inicien negociaciones con jurisdicciones extranjeras, con el objetivo de abordar la amenaza que representan las importaciones de semiconductores. En un futuro, se contempla la posibilidad de aplicar aranceles más amplios, acompañados de programas de compensación para empresas que inviertan en la producción de semiconductores en territorio estadounidense.
Esta normativa también establece un marco para gravar las importaciones de chips avanzados que las multinacionales estadounidenses obtienen a través de contratistas en países como Taiwán, que luego son reexportados a otros mercados, como China. La medida tiene como finalidad asegurar que el desarrollo tecnológico de Estados Unidos no dependa en exceso de fuentes externas, fomentando así el crecimiento de la industria local.
La estrategia de Trump se enmarca en un contexto de creciente competencia global en el sector tecnológico, donde la soberanía en la producción de componentes clave se ha vuelto esencial para mantener la posición de liderazgo de Estados Unidos en la innovación y la economía mundial.

























