La concepción de la verdad ha sido históricamente objeto de polémica, utilizándose como un arma para justificar actos atroces. Cada ideología o creencia política tiene su propia interpretación de los mismos hechos, lo que genera un ambiente de sectarismo y trifulca. A lo largo del tiempo, la verdad se ha travestido de yugo y veneno, distorsionando su esencia.
No se trata de principios morales o naturales, sino de una realidad en la que un maestro, en circunstancias extremas, escribió: «No mintamos». Este llamado a la honestidad se aleja del concepto de «decir la verdad». La distinción es clara: la mentira, en muchas ocasiones, se presenta como una herramienta objetiva, un recurso que busca proteger al individuo del peligro o de la crueldad ajena.
En el ámbito político, mentir con aires de certeza se ha vuelto habitual. Cuando un político expresa su verdad, si esta responde a su conveniencia personal, es probable que se trate de un embuste. Cambiar de opiniones como si se cambiara de ropa interior es un signo de que lo único que se está alterando son las mentiras que se cuentan. En este sentido, los partidarios de un político suelen justificar estas contradicciones, encontrando paz en el discurso de «los nuestros».
El atractivo de la verdad sobre la mentira radica en que la primera se recuerda con mayor facilidad. Sin embargo, este principio parece no aplicar en el ámbito de la política pública, donde la manipulación de la información puede llevar a confusiones masivas. La figura de Donald Trump es un claro ejemplo de esta dinámica. Su estilo de gobernanza, similar a una sesión improvisada de jazz, desafía las convenciones y genera incertidumbre tanto en el ámbito nacional como internacional.
Trump, con su estilo errático y prepotente, ha logrado desestabilizar mercados, provocando volatilidad en la bolsa y obligando a los inversores a navegar en aguas turbulentas. La confusión generada por su retórica constante es aprovechada por aquellos que operan en el ámbito financiero, convirtiéndose así en un chollo para aquellos que saben cómo surfear estas olas de incertidumbre.
En conclusión, la verdad y la mentira se entrelazan en un juego complejo, donde la percepción y la retórica juegan un papel crucial en la política contemporánea. La manipulación de la verdad puede tener consecuencias devastadoras, y es fundamental que la sociedad esté alerta ante esta realidad.

























