La historia tiende a repetirse. La reciente desclasificación de los documentos relacionados con el 23 de febrero de 1981 ha resucitado la figura de Juan Carlos I, generando un renovado interés en su papel durante aquellos convulsos momentos. Es evidente que muchos necesitan un acto de fe para creer en la narrativa oficial, tanto en su versión contemporánea como en la histórica.
Los finales de los años 70 y toda la década de los 80 estuvieron marcados por mitomanías y fervores colectivos hacia figuras públicas, incluidos músicos, actores y políticos. En esos tiempos, Adolfo Suárez era considerado el líder deseado, seguido por Felipe González, mientras que Juan Carlos I se mantenía presente en el imaginario colectivo, acompañado de su esposa, con una imagen familiar perfecta en Marivent.
En medio de este contexto, ocurrió el intento de golpe de Estado protagonizado por Antonio Tejero, un evento que puso a prueba la estabilidad de la joven democracia española. A raíz de su aparición en televisión y la creencia popular de que Juan Carlos I había jugado un papel crucial para detener el golpe, su figura ascendió a los altares de la españolidad. Desde entonces, estuvo rodeado de un fervor casi religioso, que se mantuvo durante tres décadas, en ocasiones de delirio monárquico como en la Expo de Sevilla o los Juegos Olímpicos de Barcelona.
Como bien afirmaba Michi Panero en «El Desencanto», una obra que refleja la desilusión de una época: ¡Fuimos tan felices! España, con todas sus imperfecciones, parecía un país en auge. La imagen de un presidente carismático, alejado de la figura del «señor X», junto con una familia real que proyectaba una imagen de unidad y modernidad, contribuyó a esta percepción.
Sin embargo, con el paso del tiempo, esa imagen idílica se ha desvanecido, revelando escándalos y controversias que han sacudido la monarquía. El cambio generacional ha llevado a que Juan Carlos I se retire a Oriente, dejando el trono a su hijo, mientras otros personajes han enfrentado procesos judiciales, incluso en edades avanzadas.
Con la reciente desclasificación de los documentos, surge un nuevo debate en el país. España, que parece tener un ADN cortesano, está reclamando, según diversas voces, que la figura de Juan Carlos I regrese para pasar sus últimos años en su tierra. Y es muy probable que lo haga.

























