La localidad de la Merca se encuentra de luto tras la muerte de Manuel Jorge Velo Reinoso, conocido por todos como Manolito. Este querido exalcalde, que ocupó el cargo durante 16 años, falleció recientemente, generando una profunda tristeza en la comunidad. Aunque su partida era esperada, la noticia ha sorprendido a muchos, que no han dejado de preguntar sobre las circunstancias de su fallecimiento.
Manolito, apodado «el Velo», era un personaje entrañable no solo en la Merca, sino en toda la comarca de Celanova. Su dedicación a los vecinos y su cercanía con la gente lo convirtieron en una figura muy apreciada. Siempre se destacó por su amabilidad y su capacidad para conectar con la población, lo que explica la reacción unánime de dolor por su ausencia.
Su carrera política comenzó tras ser convencido por sus compañeros, incluyendo a Manuel Vázquez Outeiriño, primer alcalde democrático de la Merca, para postularse como alcalde. A pesar de las dudas iniciales, y después de consultar con su esposa Gloria, aceptó el reto. Durante su mandato, demostró un compromiso absoluto con el bienestar de los ciudadanos, abordando las necesidades de la comunidad sin intereses políticos personales.
Aunque su muerte ha dejado un vacío, su legado perdurará entre los que lo conocieron. Manolito fue un verdadero servidor público, recordado no solo por sus logros administrativos, sino también por su calidez humana. La comunidad lo recuerda con cariño, y su ejemplo de dedicación y servicio es una lección de vida que permanecerá en la memoria colectiva.
Un recuerdo significativo que muchos comparten es una anécdota de hace aproximadamente 20 años, cuando, como concejal de obras, respondió a una inquietud sobre el estado de un camino. Su ingenio y su forma de ver la vida brillaban en sus respuestas, siempre buscando la manera de hacer las cosas más fáciles para los demás.
Manuel Jorge Velo Reinoso, quien vivió intensamente a su lado, deja atrás un legado de amor y esfuerzo por su comunidad. Hoy, la Merca se siente huérfana sin su presencia, pero su espíritu conciliador y su compromiso con la gente continuarán inspirando a todos los que lo apreciaron.
Manolito, dondequiera que estés, seguramente seguirás atendiendo a tu gente como lo hiciste en vida. Y cuando nos escribas, estarás enviándonos cartas y postales, tal como solo tú sabías hacerlo, recordándonos que la vida es un hermoso viaje que, aunque termine, siempre deja huellas imborrables.
























