Los ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea han debatido el futuro de las emisiones de CO2 de coches y furgonetas, centrándose en la posibilidad de flexibilizar los objetivos establecidos para 2035. Este debate surge tras la propuesta de la Comisión Europea, presentada en diciembre, que sugiere reducir la meta de reducción de emisiones del 100% al 90%. La idea es que los fabricantes puedan compensar un margen del 10% mediante créditos, utilizando combustibles renovables o materiales con baja huella de carbono.
En este contexto, el comisario europeo de Clima, Wopke Hoekstra, defendió la propuesta, argumentando que busca mantener una dirección «clara» hacia la descarbonización del transporte. Hoekstra afirmó que este enfoque equilibrado considera las diversas posiciones de los Estados miembro, permitiendo que el objetivo del 90% en 2035 siga impulsando la neutralidad climática sin comprometer la competitividad industrial.
Sin embargo, España se opone a la reducción de objetivos, advirtiendo que una excesiva flexibilidad puede debilitar la señal regulatoria necesaria para la transformación del sector automovilístico. El representante español, Oriol Escalas, destacó que el transporte es el único sector que continúa aumentando sus emisiones y que la descarbonización de la movilidad debe ser un pilar fundamental de la política climática de la UE.
Además de España, Suecia también expresó preocupaciones sobre la introducción de incertidumbre regulatoria y abogó por mantener los objetivos para el periodo 2030-2035 sin modificaciones. Por su parte, Francia defendió la centralidad del vehículo eléctrico en la estrategia europea y mostró apoyo a la propuesta de la Comisión, considerándola un compromiso entre ambición climática y viabilidad industrial.
En contraste, Alemania e Italia solicitaron la inclusión de más alternativas tecnológicas, subrayando la importancia de mantener opciones de combustión más allá de 2035. Alemania reconoció que la electromovilidad es clave, pero insistió en la necesidad de garantizar la competitividad de la industria automovilística. Italia fue más allá al pedir que se reconozcan los combustibles neutros en carbono como válida alternativa al vehículo eléctrico.
En un enfoque más crítico, República Checa cuestionó la ambición de los objetivos actuales, sugiriendo una revisión profunda, mientras que Hungría abogó por una mayor neutralidad tecnológica y flexibilidad para los fabricantes. Este debate pone de manifiesto las diferencias entre los Estados miembro sobre cómo equilibrar la ambición climática con la competitividad industrial.
El comisario concluyó el debate asegurando que se tendrán en cuenta todas las opiniones para formular una propuesta viable que contemple tanto el clima como la competitividad a largo plazo.

























