El Polisario y la falta de democracia interna en sus estructuras de poder

El Polisario perpetúa un liderazgo sin elecciones, afectando su legitimidad.

El Frente Polisario continúa operando sin un sistema democrático interno, lo que socava su legitimidad. En los campamentos de Tinduf, el presidente del denominado Consejo Nacional Saharaui, que se presenta como el parlamento, no es elegido por los ciudadanos ni por los diputados, sino que es designado directamente por la presidencia de la organización.

Esta práctica, que contradice un principio básico de cualquier sistema democrático, rara vez provoca una crisis significativa. Usualmente, solo se manifiestan tensiones cuando algún líder tribal se siente marginado en la distribución de los cargos. El último nombramiento en este contexto ha sido el de Bachir Mustafa Sayed, un personaje con un historial notable en la estructura del Polisario. Hermano del fundador del movimiento, El Uali Mustafa Sayed, ha ostentado cargos de alta responsabilidad desde los inicios de la organización en 1973.

A lo largo de más de cinco décadas, este círculo dirigente ha permanecido en el poder, alternando entre los mismos nombres sin someterse a elecciones competitivas ni a mecanismos de rendición de cuentas. Esta perpetuación ha erosionado el prestigio que el Polisario había mantenido a lo largo de los años, transformando lo que alguna vez fue un movimiento de liberación nacional en una estructura cerrada y sin legitimidad moral.

La falta de democracia interna ha provocado que diversos miembros, tanto militares como civiles, abandonen el Polisario, dando lugar a disidencias organizadas que exigen transparencia, alternancia en el poder y respeto a los derechos humanos. Entre las disidencias más significativas se encuentra el Movimiento Saharauis por la Paz (MSP), que ha logrado compartir espacios en foros internacionales, como la Internacional Socialista y la Cuarta Comisión de Naciones Unidas, rompiendo así el monopolio de representación del Polisario.

Es fundamental señalar el papel de Bachir Mustafa Sayed en la historia del Polisario, especialmente en relación con la conocida «leyenda negra» del movimiento. Según testimonios de supervivientes, su implicación en la tristemente famosa prisión secreta de Rashid, donde se reprimía a la disidencia, ha sido notable. Varios que lograron escapar de allí han afirmado que Sayed participaba frecuentemente en los interrogatorios, a menudo dirigiéndolos.

Cuando un dirigente con un pasado tan oscuro ocupa el liderazgo de una institución que debería representar a la población saharaui, la cuestión trasciende lo institucional y se convierte en un problema de ética y legitimidad política. La democracia necesita procesos transparentes y responsables, así como la alternancia en el poder, algo que el Polisario no ha logrado ni en sus más de cincuenta años de existencia.

Para que cualquier proceso político en el Sáhara Occidental sea efectivo, es imprescindible contar con interlocutores que posean una legitimidad interna incuestionable. La comunidad internacional debe cuestionar la capacidad del Polisario para ser parte de una solución que exige precisamente los valores que le faltan: transparencia, democracia interna y respeto a los derechos humanos.

Redacción

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