La IV Cumbre en Defensa de la Democracia, celebrada hace unas semanas y liderada por Pedro Sánchez, evidenció una paradoja al respaldar abiertamente al régimen cubano, a pesar de proclamar una defensa contra el avance de la derecha en el continente americano. En este encuentro participaron los principales líderes de la izquierda en América, quienes reafirmaron su apoyo a una dictadura que, tras más de seis décadas, continúa vigente pese a su evidente fracaso.
En un contexto de creciente tensión con Estados Unidos, la red internacional que sostiene al Gobierno cubano ha cobrado una importancia estratégica para el régimen. Según un informe de la organización Gobierno y Análisis Político (GAPAC), estas redes permiten no solo movilizar respaldo político y legitimidad simbólica, sino también canalizar recursos que resultan cruciales para la supervivencia del régimen en el escenario global.
El pulso entre Washington y La Habana se intensifica, con amenazas como el envío del portaaviones Abraham Lincoln a las costas cubanas, gesto que recuerda el despliegue previo del Gerald Ford en la crisis venezolana. Miguel Díaz-Canel, presidente cubano, se manifestó en redes sociales denunciando lo que calificó de «acto criminal» por parte de Estados Unidos, al tiempo que resaltó la importancia de la solidaridad internacional para fortalecer al régimen.
Este respaldo no se limita a Cuba y España. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, junto con los líderes latinoamericanos Lula da Silva y Gustavo Petro, han defendido la soberanía cubana y rechazado cualquier intervención militar. Sin embargo, esta solidaridad forma parte de un entramado internacional mucho más amplio que incluye partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales y comunidades cubanas en el exterior.
El informe de GAPAC, basado en el análisis de 71 eventos internacionales recientes, detalla cómo estas redes estatales, partidistas y académicas trabajan coordinadamente para fortalecer la legitimidad externa del régimen y contrarrestar el aislamiento promovido desde Washington. México se ha consolidado como el principal promotor de esta defensa, especialmente tras el retiro de Venezuela de este rol, consolidando así una herencia política del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
El historiador Armando Chaguaceda, experto en revoluciones del continente, señala que la llamada Internacional Progresista ha recuperado viejos dogmas de la izquierda populista y marxista, entre ellos la defensa del régimen cubano. Estos discursos se replican no solo en América Latina, sino también en España y en redes activistas y académicas de la izquierda europea occidental.
Organizaciones como el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, que recibieron el impulso del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero para blanquear a Nicolás Maduro, han estrechado vínculos con la Internacional Progresista y mantienen una presencia activa en La Habana. Incluso figuras como Pablo Iglesias, fundador de Podemos, jugaron un papel clave en la defensa del régimen durante marzo.
En Europa, la solidaridad con Cuba se ha manifestado en diversas acciones, desde protestas organizadas en Madrid por el Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba y decenas de colectivos hasta iniciativas en ciudades como Murcia o Roma, donde la alcaldía aprobó una condena contra la política estadounidense hacia la isla. Estas movilizaciones contribuyen a proyectar una imagen de respaldo internacional que amortigua la presión política que ejerce Estados Unidos sobre el régimen castrista.












