El reciente fallecimiento de Ali Jamenei, quien ha liderado Irán durante cuatro décadas, marca un hito significativo en la historia del país. Jamenei, que había anticipado su muerte, dejó una lista de posibles sucesores en caso de un ataque de Estados Unidos que pudiera acabar con su vida, como ha sucedido finalmente.
Nacido hace 86 años en Mashhad, al este de Irán, Jamenei dedicó su juventud a los estudios religiosos, siguiendo el ejemplo de su padre y sus hermanos. Durante su formación en seminarios chiíes en Teherán, conoció al Ayatolá Jomeini, su mentor y figura clave que influyó en su vida y carrera.
La trayectoria de Jamenei dio un giro radical con la Revolución Islámica que derrocó al Sha en febrero de 1979. Aquel momento lo catapultó a una posición de liderazgo, apoyando a Jomeini en la creación de un régimen teocrático donde el líder espiritual tenía poder absoluto sobre el presidente y las instituciones del país.
Su papel se consolidó durante la invasión iraquí de Irán en 1980, donde fortaleció la figura de la Guardia Revolucionaria. A pesar de sufrir un atentado en 1981 que lo dejó con una mano paralizada, su ascenso continuó, siendo elegido presidente ese mismo año y posteriormente designado por Jomeini como su sucesor.
Desde que asumió el cargo de Líder Supremo tras la muerte de Jomeini en junio de 1989, Jamenei nunca logró el mismo nivel de apoyo popular que su antecesor. Su autoridad se mantuvo a través de la fuerza de la Guardia Revolucionaria y las milicias afines en la región. A lo largo de su mandato, ha tenido enfrentamientos con varios presidentes, donde su palabra siempre ha sido definitiva.
Jamenei ha respondido con severidad a las protestas sociales y estudiantiles, reprimiendo movimientos a favor de la apertura del régimen. En particular, aplastó manifestaciones en otoño de 2022 bajo el lema «Mujeres, Vida, Libertad» y nuevamente en enero de este año ante el descontento por la crisis económica, resultando en miles de muertos en ambos casos.
Durante su mandato, Irán aprovechó la invasión estadounidense de Irak en 2003 para extender su influencia en el país vecino y aumentar su presencia en Siria y Líbano. Su desarrollo del programa nuclear provocó inquietud en Occidente, llevando a negociaciones fluctuantes sobre un pacto atómico. A pesar de las advertencias de Donald Trump de que Irán «nunca» tendría la bomba atómica, se ordenó recientemente un ataque a las instalaciones nucleares que ha culminado con la muerte de Jamenei.












