El análisis de los conflictos armados revela una realidad alarmante: estamos viviendo la época más bélica desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Según datos de la Universidad de Uppsala, el año 2024 concluyó con un total de 61 conflictos activos, la cifra más alta registrada en los últimos ochenta años, y no se vislumbran señales de tregua para 2025.
En la actualidad, 41 naciones se encuentran inmersas en al menos un conflicto armado, lo que representa casi uno de cada cuatro países del mundo. Los niveles de violencia alcanzan cifras récord, según la organización Armed Conflict Location & Event Data (ACLED). Los principales organismos de análisis, como el Council on Foreign Relations y la Academia de Ginebra de Derecho Internacional, informan que 20 países están involucrados en conflictos internacionales, 26 en conflictos internos y 11 enfrentan situaciones de violencia organizada extrema.
Las guerras internacionales más destacadas en los últimos dos años incluyen la invasión de Rusia a Ucrania, las tensiones entre Afganistán y Pakistán, y las disputas territoriales entre India y Pakistán por Cachemira. También se suman conflictos como los enfrentamientos entre Etiopía y Sudán, la intervención de Estados Unidos en Venezuela y la guerra en Palestina. No obstante, la mayoría de estos conflictos son guerras civiles, con situaciones dramáticas en países como Myanmar y Siria, que han estado en conflicto por más de una década.
La crisis de desplazados forzados es histórica, con más de 117 millones de personas obligadas a huir de sus hogares a mediados de 2025, según datos de ACNUR. De estas, una de cada tres ha solicitado el estatus de refugiado. La crisis más aguda se vive en Sudán, donde 13 millones de personas han abandonado sus hogares, seguidas por Siria y Ucrania. Además, el caso de Venezuela es particular, con más de 6 millones de personas que han dejado el país sin que su situación sea clasificada como la de refugiados.
El aumento de conflictos ha sido notable desde 2010, con un casi doble aumento en los enfrentamientos entre estados y un incremento de cinco veces en el número de muertes, a pesar de caídas temporales en algunos años. El analista Shawn Davies advierte que «vivimos en una nueva era con más conflictos, más intensos y complejos». En este contexto, se hace evidente que el mundo enfrenta un desafío significativo en términos de estabilidad y seguridad.












