El 8 de abril, el coronel de Infantería de Marina, Enrique Fojón Lagoa, asumió su papel como nuevo Académico en la Academia de las Ciencias y Artes Militares. El acto estuvo presidido por el General Jaime Domínguez Buj y contó con la presencia de destacados miembros de las Fuerzas Armadas y familiares del nuevo académico.
En su discurso inaugural, Fojón ofreció un análisis profundo sobre la evolución del poder y las relaciones internacionales desde el final de la Guerra Fría hasta la actualidad. Se centró en la guerra en Irán y el Golfo Pérsico, abordando sus repercusiones en un contexto global y complejo. Presentó conceptos innovadores que invitan a la reflexión estratégica sobre el conflicto en curso y sobre la dinámica actual del orden internacional.
Uno de los conceptos que destacó fue el de «cognición compuesta», que describe una asociación asimétrica entre humanos y máquinas. Según Fojón, esta relación no implica que la Inteligencia Artificial reemplace a los analistas humanos, sino que ambos trabajan en conjunto para acelerar procesos y tomar decisiones informadas, donde los humanos mantienen la responsabilidad del significado y las consecuencias.
Asimismo, introdujo el término «guerra compleja», señalando que los conflictos en Oriente Medio trascienden sus fronteras físicas y afectan a sistemas globales interconectados. La confrontación en esta región, según Fojón, no solo es un enfrentamiento militar, sino que provoca perturbaciones en múltiples esferas, desde los mercados energéticos hasta las alianzas políticas.
El académico enfatizó que el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo son rutas críticas para la economía global, y cualquier alteración en estas áreas impacta rápidamente en los mercados energéticos y en la estabilidad política de economías aliadas. Fojón subrayó que Irán ha desarrollado capacidades marítimas asimétricas para explotar estas vulnerabilidades, utilizando tácticas como ataques en enjambre y misiles antibuque.
Finalmente, concluyó que la complejidad del orden actual no disminuye el papel de la defensa y la seguridad, sino que los multiplica, requiriendo una formación y adaptación adecuadas en recursos humanos y materiales para abordar los desafíos emergentes de la guerra moderna.












