Las fuerzas militares de Estados Unidos, incluyendo a los Navy Seals, 3.000 paracaidistas de la 82 División Aerotransportada y miembros de Delta Force, estarán listas para operar en el Golfo a partir del viernes, cuando expire el plazo de cinco días que el presidente Donald Trump se concedió para negociar con Irán.
El anuncio de Trump, realizado el lunes 23, sobre la suspensión temporal de los bombardeos contra la infraestructura energética iraní generó escepticismo. Desde Teherán, se acusó al presidente de utilizar esta maniobra para calmar los mercados mientras se prepara una nueva ofensiva. Este cambio de estrategia es notable, especialmente tras el ultimátum dado al régimen iraní, que exigía la reapertura del estrecho de Ormuz.
Cuando se cumpla la fecha límite, el USS Tripoli, un buque de asalto anfibio con 2.500 marines, llegará al golfo de Omán, acompañado por el crucero USS New Orleans. Este despliegue incluirá helicópteros Osprey, vehículos anfibios y cazas F-35 Lightning II y AV-8 Harrier.
Además, se han registrado al menos seis vuelos desde la base de Fort Bragg en Carolina del Norte hacia Oriente Medio, donde se encuentra la 82.a División Aerotransportada, lista para actuar como Fuerza de Respuesta Rápida. Los informes indican que se han monitoreado hasta 35 vuelos de aviones de transporte militares hacia Israel y Jordania, sugiriendo el movimiento de fuerzas especiales, incluyendo a Delta Force y los Rangers del Ejército.
El Pentágono también ha movilizado un contingente especializado en asegurar y reparar pistas de aterrizaje, lo que será vital para reabastecer y rearmar a las fuerzas aéreas durante las operaciones. Por si fuera poco, una nueva oleada de refuerzos, que incluye al grupo anfibio del USS Boxer, se encuentra en camino desde la Costa Oeste, sumando otros 2.500 infantes de Marina.
En cuanto a la estrategia, hay dos hipótesis. La primera sugiere que Trump podría estar utilizando este despliegue militar como una medida de presión para forzar a Irán a una negociación. La segunda, más alarmante, implica la posibilidad de un ataque directo para establecer posiciones en costas e islas estratégicas, como Jark, crucial para el procesamiento del petróleo iraní.
La ocupación de Jark podría ser una jugada arriesgada, ya que destruir sus instalaciones agravaría la crisis del petróleo a nivel mundial. Los planes parecen contemplar el uso de las fuerzas estadounidenses para ocupar la isla y utilizarla como palanca frente a Teherán.
Por otro lado, Trump afirma estar en negociaciones con Irán para poner fin al conflicto, aunque desde el Parlamento iraní se desmiente la posibilidad de un acuerdo. Mientras tanto, se reporta que la Administración Trump ha enviado un plan de 15 puntos a Irán para detener la ofensiva, lo que sugiere que la diplomacia y la guerra están en una estrecha y peligrosa intersección.












