Estados Unidos ha decidido rescatar un término que parecía destinado a la historia naval: acorazado. En su propuesta presupuestaria para el año fiscal 2027, la Marina estadounidense ha incluido la financiación de un nuevo buque de combate de gran tamaño, bautizado como USS Defiant (BBG-1), que inaugurará la clase Trump-class.
El coste estimado para este primer navío asciende a 17.000 millones de dólares, dentro de un programa mayor que podría superar los 43.000 millones si se construyen tres unidades. Aunque el nombre recuerda a los acorazados clásicos, el concepto detrás del Defiant es completamente distinto. Ya no se trata de blindajes pesados y cañones enormes como durante la Segunda Guerra Mundial, sino de un buque capaz de concentrar misiles, sistemas avanzados de defensa aérea, sensores de última generación y, a futuro, armas basadas en energía dirigida.
Según la Marina, este proyecto busca recuperar capacidades que se han perdido con la retirada de los cruceros Ticonderoga y las limitaciones que ha enfrentado el desarrollo del destructor DDG(X). El USS Defiant será un gigante que superará las 30.000 toneladas de desplazamiento y medirá entre 260 y 270 metros de eslora, lo que lo convertiría en un buque más largo incluso que el legendario Yamato japonés.
El armamento previsto incluye 128 celdas de lanzamiento vertical para misiles, espacio para 12 misiles hipersónicos Conventional Prompt Strike, un radar AN/SPY-6, dos cañones de 5 pulgadas y sistemas defensivos de corto alcance. También contará con una reserva eléctrica diseñada para alimentar futuribles láseres de alta potencia. Su objetivo es realizar en una sola plataforma tareas que hoy requieren la coordinación de varios barcos, especialmente en defensa aérea, mando y ataques a larga distancia.
Este enfoque complementa otros esfuerzos recientes de la Marina estadounidense, que también está apostando por sistemas no tripulados, como el dron marítimo cazasubmarinos desarrollado por Saildrone, y programas de aviación embarcada como el futuro caza de sexta generación F/A-XX.
Desafíos e incertidumbres en la construcción del USS Defiant
A pesar de la ambición detrás del proyecto, existen importantes interrogantes. La principal preocupación radica en el elevado coste y la concentración de capacidades en pocos buques. Un retraso, aumento de costos o fallo en una unidad tendría un impacto severo tanto económico como operativo para la flota.
Además, la industria naval estadounidense enfrenta problemas crónicos de capacidad y escasez de mano de obra cualificada, lo que complica aún más la construcción de un buque tan complejo y de grandes dimensiones.
Por último, surge un debate estratégico en una era dominada por drones, enjambres de misiles y tácticas de guerra distribuida. No todos coinciden en que la solución pase por volver a apostar por barcos gigantes y costosos.
Aun así, el mensaje político y militar de Estados Unidos está claro: no solo se busca aumentar la cantidad de buques, sino contar con un nuevo buque insignia de superficie que ofrezca presencia, potencia de fuego y capacidad de mando a un nivel que no se veía desde hace décadas.
El USS Defiant todavía está lejos de materializarse, pero su inclusión en la hoja de ruta naval refleja cómo Estados Unidos imagina la guerra naval en la próxima década.












