La economía española continúa su trayectoria de crecimiento a pesar de la creciente volatilidad geopolítica que afecta a los mercados internacionales. Según un análisis de BBVA Research, el ciclo económico actual es razonable, y el impacto de la guerra en Irán se considera temporal. Esta evaluación se basa en el hecho de que la economía española parte de una posición sólida, lo que le permite absorber las turbulencias del entorno global. De hecho, el banco ha mantenido su previsión de crecimiento del PIB en 2,4% para el año 2026.
A pesar de este optimismo, los economistas señalan que el país enfrenta un choque de oferta con repercusiones a nivel global, especialmente a través de los sectores energético y del transporte. La duración del conflicto en Irán y sus efectos secundarios son factores que pueden alterar significativamente el panorama económico. Si la guerra se extiende durante varios meses, podría ser complicado mantener el crecimiento. Sin embargo, los analistas son optimistas y creen en un conflicto de corta duración, lo que justifica su pronóstico sobre el crecimiento del PIB.
La clave de la resistencia económica se encuentra en un proceso de compensación: el crecimiento interno está contrarrestando, por el momento, los efectos negativos de la crisis en Oriente Próximo. Factores como el dinamismo del consumo privado, la inversión en inteligencia artificial y la estabilización de los tipos de interés están contribuyendo a una mejora económica que se ve parcialmente limitada por la incertidumbre geopolítica. A pesar de ello, los analistas indican que la estimación de crecimiento podría haber sido superior en 0,2 puntos si no fuera por la inestabilidad actual. Este pronóstico presupone que el conflicto se mantendrá acotado y que los precios del petróleo volverán a los 68 dólares, tras haber alcanzado picos de 74 dólares en el segundo trimestre.
Uno de los retos inmediatos que enfrenta la economía es la inflación. El encarecimiento del transporte en el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, ha aumentado los costos energéticos. Se prevé que esta situación sumará 0,3 puntos porcentuales a la inflación promedio, que se situará en un 2,9% para 2026. Para el año siguiente, se espera una caída de la inflación al 2%, aunque el PIB seguirá creciendo con fuerza.
El impacto más significativo de la inflación se concentrará en el segundo y tercer trimestre, donde el crecimiento podría bajar del 0,7% al 0,4%. Sin embargo, el final del año podría traer una aceleración de la actividad económica. Se prevé que el pico de la crisis inflacionaria se produzca en abril y mayo, con tasas que podrían alcanzar el 4%. La realidad, sin embargo, es que si el conflicto se prolonga, las repercusiones económicas pueden ser considerables, ya que cada aumento del 10% en el precio del petróleo podría restar dos décimas al crecimiento.
A pesar de los desafíos, los economistas manifiestan que España llega fuerte a este nuevo shock. El mercado laboral continúa siendo un pilar fundamental del consumo, con la previsión de crear un millón de empleos entre 2026 y 2027. Además, la regularización de 500.000 inmigrantes se prevé que impulse la afiliación y la recaudación tributaria, facilitando así la transición de muchos trabajadores hacia el sector formal.
El sector exterior también está contribuyendo de manera positiva, en particular a través del turismo. La inestabilidad en el Mediterráneo está redirigiendo flujos de visitantes hacia España, consolidándola como un destino seguro. Junto a esto, las exportaciones de servicios no turísticos están teniendo un rendimiento excepcional, con crecimientos esperados del 4,9%, lo que contrarresta la debilidad en las exportaciones de bienes. Asimismo, la inversión en vivienda sigue en aumento debido a la fuerte demanda, que podría superar las 700.000 unidades, lo que impulsará los precios en un 10,2% este año.
A pesar de este panorama alentador, el país enfrenta retos estructurales, especialmente en relación con las cuentas públicas. BBVA Research advierte sobre una política fiscal más expansiva de lo esperado, ya que aún no se han aprobado los Presupuestos Generales del Estado para 2026. Esta situación incrementa la posibilidad de incumplir las normas fiscales europeas, con un aumento del gasto del 4,6%, considerablemente por encima del 3% comprometido con Bruselas. Este contexto de déficit del 2,3% del PIB se ve estimulado en parte por la aceleración de los fondos europeos y el incremento del gasto en defensa, lo que complica aún más la consolidación fiscal.
Los analistas concluyen que, aunque los efectos de la guerra actual son menores que los sufridos tras la invasión de Ucrania, el margen fiscal es limitado, lo que implica que cualquier medida de ayuda debe ser muy específica y dirigida.













