Se ha afirmado erróneamente que la situación actual del mundo es un nuevo orden mundial, especialmente a raíz de eventos como la extracción de Nicolás Maduro en Venezuela y el conflicto entre EE.UU. e Israel contra Irán.
Sin embargo, este fenómeno se producirá a través de la interacción de poderosos actores en la esfera internacional. A lo largo de la historia, cambios significativos han sido impulsados por innovaciones como la escritura, que transformó sociedades, o la invención de la rueda, que facilitó la construcción y la conquista.
El reconocimiento de que la Tierra es redonda, que desafió la visión ptolemaica del mundo, también abrió las puertas a la exploración global, lo que tuvo un impacto trascendental en el siglo XV. Además, el surgimiento del iusnaturalismo desmanteló las bases del derecho divino que predominó durante la Edad Media, estableciendo que el soberano es el pueblo, un concepto que se reflejará próximamente en la elección del nuevo presidente del Perú.
Hoy en día, la inteligencia artificial está revolucionando la vida cotidiana y el comportamiento social, un proceso que aún está en desarrollo. En medio de estas transformaciones, las guerras, especialmente los conflictos a gran escala, alterarán nuestro modo de vida. Potencias como EE.UU., China, Rusia e India buscan el control absoluto del poder mundial.
La situación en Oriente Medio entre Irán e Israel plantea una pregunta crítica: ¿quién eliminará a quién? Este dilema no se centra en cuestiones de democracia o diplomacia, sino en una lucha de poder. Por tanto, el nuevo orden mundial nacerá de fuerzas irresistibles y caóticas, lo que ha sido una constante en la historia.
Cuando esto ocurra, las nuevas potencias victoriosas dividirán el mundo de acuerdo a sus propios intereses, como ya sucedió en el pasado. Ejemplos históricos incluyen el Tratado de Tordesillas entre España y Portugal en 1493, y el acuerdo de Yalta en 1945 entre EE.UU., la antigua Unión Soviética y el Reino Unido, que estableció la creación de la ONU y su Consejo de Seguridad.
Por consiguiente, los eventos globales no se pueden entender únicamente desde el ámbito del derecho internacional, ni su fragmentación implica necesariamente un nuevo orden mundial, como algunos temen. La tendencia actual se dirige hacia un mundo multipolar, lo que contrasta con el deseo de EE.UU. de mantener su dominio sin compartirlo, lo que se evidencia en la urgencia de Trump por concluir la guerra contra Irán, tal como lo hizo en Venezuela y Cuba.
Una victoria de EE.UU. no marcaría la llegada de un nuevo orden mundial, sino que confirmaría su intento de recuperar su estatus unipolar. Sin embargo, este dominio no es eterno, ya que el poder tiene un carácter cíclico. Estas reflexiones son del autor Miguel Ángel Rodríguez Mackay, quien fue canciller del Perú e internacionalista.












